Martes, 23 de octubre de 2018 6:09 AM

Como la palma de su mano conoce Rafael el acuífero avileño

Como el aire, el fuego y la tierra, el agua tiene el poder de dar vida o de destruir. El 97 por ciento de ella se encuentra en mares y océanos, y no es apta para el consumo humano

Eso bien lo sabe Rafael González-Abreu Fernández, un avileño que se ha dedicado durante años a buscar las vías para, desde sus conocimientos, penetrar el subsuelo y estudiarlo con el objetivo de darle un uso más adecuado a ese recurso natural, cuyo empleo en el mundo se ha triplicado en los últimos 50 años.

Rafael se desempeña como especialista principal de la Empresa de Aprovechamiento Hidráulico de Ciego de Ávila, y es, a no dudarlo, el que más conoce el manto freático del territorio, sin necesidad de darse una “vueltecita” a sus entrañas.

“No me considero sabio, pero sí disfruto lo que hago desde mi puesto de trabajo, máxime cuando avizoro lo que puede suceder cuando hay escasez de agua y contribuir a minimizar las consecuencias”, dice este hombre, que, además de ser ingeniero hidráulico, es especialista en modelación matemática, hidrogeólogo, geofísico y Máster en Gestión Ambiental.

“Nadie como yo sabe de los sustos que dieron los más de 40 meses de sequía hidrológica al desarrollo económico y social y al abasto a la población de la provincia”, dice Rafael, no con orgullo, sino con un gran compromiso con lo que hace.

Este avileño es el autor de una tecnología para la determinación de los niveles de alerta y alarma en caso de agotamiento del manto acuífero por sequía o intensa explotación, la cual se generaliza en todo el país y recibió el Premio de Mayor Impacto Económico y/o Social 2017, que confiere la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores.

También obtuvo en días recientes el premio a la innovación tecnológica en Ciego de Ávila como parte de las actividades por el Día de la Ciencia cubana.

“La inventiva constituye el resultado de 20 años de estudio, pues el cambio climático está ante nuestras narices y no podemos cruzarnos de brazos, sino buscar las mejores soluciones para proteger el recurso agua en los reiterados periodos pocos lluviosos”, comenta Rafael.

“Hay mucha bibliografía en Internet relacionada con las categorías de alerta y alarma sobre aguas superficiales, pero nada con las fuentes subterráneas, de ahí que lo primero en hacer fue una selección de las redes hidrológicas, lo cual permitió conocer el comportamiento real del subsuelo para realizar trabajos de correlación lluvia-recarga.”

“Ese mecanismo nos facilitó concretar los límites del acuífero, para establecer categorías que nos proporcionaran calificar su situación en estado favorable, desfavorable, muy desfavorable y crítico”, explica.

“Gracias a su aplicación, las tres fuentes del acueducto Ruspoli no colapsaron, lo cual impidió que más de 49 000 personas, de la parte norte de la ciudad capital, recibieran el servicio a través de carros pipa”, rememora Rafael.

Por el continuo descenso del manto freático, la tecnología fue muy útil en la toma de decisiones del territorio, mediante ella se hicieron análisis puntuales tales como las curvas de agotamiento, la determinación de las fases de alerta y alarma, y el pronóstico del nivel de llenado de los acuíferos para conocer las zonas más vulnerables y proceder a las medidas de ahorro.

Según vaticinios formulados hace más de una década por científicos, en el año 2025, alrededor de 3 500 millones de personas (casi la mitad de la población mundial actual) sufrirán problemas con el agua.

Gratifica saber que la iniciativa de Rafael, con aplicación efectiva y demostrada, resulta precisa en eventos de este tipo, pues es capaz de avizorar el posible agotamiento del acuífero con seis meses de antelación y permite conocer las disponibilidades de agua para la explotación de acuerdo con las prioridades establecidas en el balance hídrico anual.


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