Cinco cosas que no sabías (o sí) de la geografía de Ciego de Ávila

1. Con cualquier palo del monte

Probablemente, el nombre de algunos poblados de la provincia de Ciego de Ávila se definieron en el tiempo en que en estas llanuras se enseñoreaba el monte. Recordemos que, incluso, el apelativo de la comarca se debió a la vastedad del campo, también llamado ciego, y al apellido del colonizador.

En fin, que hasta la actualidad llegaron nombres de árboles que identifican poblados, bateyes, calles, lomas y parques. A la mano tenemos algunos: La Caoba, El Cedro, Manguito, Majagua, Tamarindo, Júcaro, Jagüeyal, Guayacanes, La Yaya, Camino del Jiquí, Aguacate, La Güira, Cafetal, El Mamey. Lo que sí resulta curioso es que, siendo tan abundante, todavía no haya un barrio conocido como Marabú, ¿o sí?

2. Ese coco no tiene agua

Si Cayo Coco se llama así lo lógico es que se deba a la abundancia de cocoteros, ¿no? Pues no. El toponímico del islote más grande del archipiélago Sabana-Camagüey lo heredó de un ave, no de la planta.

El Ibis Blanco o Pájaro Coco era tan abundante en esa zona que terminó por bautizar al paraje que hoy es uno de los principales destinos turísticos de Cuba.

Corocoro blancoTomada de: www.puntacancun.wordpress.com

Hasta 1990 solo se accedía por mar, pero luego de la construcción del pedraplén, casi dos horas de viaje por carretera, desde la capital provincial, regalan un entorno paradisíaco.

Eudocimos Albus, que así nombraron científicamente al pájaro en cuestión, es un ave de plumaje blanco impecable y tiene un pico curvo de color naranja, muy peculiar. Sus mayores poblaciones se encuentran en la Florida.

3. ¿Reina o Rey?
Vamos a quedarnos en los cayos. El adelantado Diego Velázquez, una vez puestos los pies sobre la tierra firme de esos islotes al norte de Ciego de Ávila, decidió que aquellas hermosas playas y la exuberante vegetación eran un obsequio digno de reyes. En buena lid el conquistador quería congraciarse con su soberano, para que siguiera financiando la adicción ya consolidada de ir por ahí “descubriendo pueblitos”. Lo cierto es que cuando llegó a las inmediaciones del hoy Cayo Coco dijo que aquello era como un jardín. Jardines del Rey, entonces.

Aaaah, pero Cristóbal Colón, que sí fue el verdadero adelantado (o por lo menos el primero que echó sus naos y carabelas al Atlántico), ya había utilizado el mismo recurso retórico un “tiempito” antes (una década más o menos). Rendido a los pies de Isabel la Católica, principal benefactora de sus travesías en busca de las Indias, Colón, ensimismado con el laberinto de pequeñas islas en el sur, no vaciló en bautizarla Jardines de la Reina.

CareyNoel Fernández

Y si para el Rey se reservaban playas de aguas cristalinas y arena finísima, para la Reina quedaba toda la inmensidad de un mar en el que aún hoy está el mayor santuario de tortugas del Caribe.

4. En la punta de la loma

Los amantes del alpinismo en Ciego de Ávila no tienen muchas lomas que digamos para estirar las piernas, pero alguna hay. La elevación más alta es el Pico 28 de Enero (442 metros), que se encuentra en el municipio de Florencia, como parte de la formación montañosa Sierra de Jatibonico.

Por debajo de esa cota, que resultaría apenas un bultico comparada con el Pico Turquino —para no abochornarlas con las cumbres del Himalaya— hay tres elevaciones de importancia en el contexto territorial.

En orden descendente estarían la Loma de Cunagua con 332 metros, Lomas de Turiguanó (105) y Loma La Carolina con 84 m. Aunque cueste subirlas y dé un escalofrío al bajarlas, la Loma del Aguacate, Los Barriles y El Cafetal, son una bicoca, “montañísticamente” hablando.

5. Yo soy de donde hay un río

Pico 28 eneroEric Yanes

Silvio Rodríguez sí, pero yo no. Para estar cerca de un río más o menos respetable en Ciego de Ávila tendría que vivir en Majagua. Con 72 kilómetros de largo, es el mayor de la provincia y su cuenca abarca 226 kilómetros cuadrados.

Muchos aquí lo conocen porque de sus aguas nació el centro recreativo La Playita, una idea del dueño de la finca Los Rusos, en el ya lejano 1957. Lo que quizás algunos no sepan es que el río Majagua nace en las lomas de Tamarindo y desemboca en la llanura de Sancti Spíritus.

Otros ríos de importancia para el contexto avileño (siempre hay que aclarar porque cuando uno ve el Toa o la anchura del Cauto no puede dejar de pensar que los nuestros son arroyos), son el Chambas y el Itabo.