Cuando tembló la injusticia

La niña que era entonces no comprendía en su justa dimensión de bombas y mucho menos que existieran personas capaces de destrozar las vidas de otros seres humanos.

Pero mis pocos años sí me permitían compartir el dolor. Recuerdo como si fuera hoy las imágenes desgarradoras de los familiares de las víctimas por la Televisión Cubana, el tributo de millones de cubanos.

Los muertos eran personas desbordadas de quimeras. Tal vez algunos tenían nostalgia de la familia, otros querían compartir con los amigos, y todos ansiaban volver a la Patria.

Entre ellos, las muchachas y los muchachos del equipo juvenil de esgrima lucían las medallas conquistadas en justa lid en el IV Torneo Centroamericano de ese deporte celebrado en Caracas, Venezuela.

Pero manos criminales dejaron truncos los sueños de todos, tanto de los pasajeros como de los tripulantes del avión de Cubana de Aviación, vilmente saboteado el 6 de octubre de 1976.

Como los de los esgrimistas, que querían seguir poniendo alto el nombre de Cuba en el mundo de las estocadas, tal vez cursar una carrera universitaria y de seguro tener sus hijos y verlos crecer.

Nunca he podido olvidar la historia de Nancy Uranga Romagoza, quien ya traía en su vientre el fruto de su amor.

Todos los cubanos sentimos un dolor agudo y las lágrimas corrieron por el rostro de niños, jóvenes, mujeres y hombres con mayor paso por la vida.

Fidel, con su voz firme y recia, lo describiría para la historia en la despedida de nuestros hermanos: "No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica.

"Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!"