Miércoles, 12 de diciembre de 2018 4:56 PM

Crimen de Barbados: 40 años en la memoria (+Video)

int jose ramon terry“En la entrada principal de la escuela se creó un espacio lleno de solemnidad”, recuerda José Ramón TerryMientras recorríamos el lugar, él atendía el móvil, y yo, asombrada por la majestuosidad, le pedía que dejara la conversación y disfrutara conmigo de aquel lugar. Un sitio que, según nuestro guía, fue uno de los más importantes centros recreativos de la alta sociedad cubana en tiempos de intervención norteamericana, el Club Habana.

Al colgar el teléfono, queda pensativo y en una de las pausas pregunta: ¿no radicó aquí la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA) nacional?

En ese instante, todos giramos hacia él, y con una de las más tristes miradas que le he visto a mi padre, nos dijo: “no había regresado a esta, mi escuela, desde 1979, año en que terminé mis estudios”.

Desde ese momento, toda la atención se centró en las historias que contaba, una de ellas, la más triste, es la que hace alusión a un atroz asesinato:

“Yo tenía 17 años cuando se produjo el sabotaje al avión CU-455, también conocido como Crimen de Barbados, estudiaba en la ESPA Nacional Giraldo Córdova Cardín, en La Habana, y formaba parte del Equipo Nacional Juvenil de lucha libre.

“El amor por el deporte y el sistema educativo que regía en el centro, generaban un buen clima entre los integrantes de los diferentes equipos que existían en la institución. Por ello, mi relación con los esgrimistas era muy estrecha, incluso, algunos de sus integrantes, como Virgen María Felizola y Carlos Miguel Leyva (El Chino), eran del mismo grupo de clase que yo.brbado

“En aquella época, los equipos de esgrima y lucha formábamos un mismo comité de base de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y la secretaria general era Nancy Uranga, también esgrimista.

“El recibimiento y confirmación de la noticia generó un ambiente de mucha tristeza en toda la escuela, en los deportistas, entrenadores, en el personal docente y administrativo en general. La rabia se apoderó de todos. Se producían zonas de silencio y de llanto. Por esa fecha yo escribía poesía e hice unos poemas motivados por el sufrimiento que causaron las pérdidas y por lo inesperado de aquel cruel acontecimiento que truncó la vida a mis compañeras y compañeros, a mis amigos.

“Al día siguiente, durante el matutino, se hizo un minuto de silencio para recordarlos y como manera de repudio ante los hechos. En ese contexto lleno de profundo abatimiento, leí los poemas cuyas metáforas aludían al criminal acontecimiento y al valor de los caídos que formaban parte de la delegación deportiva cubana que regresaba de Venezuela a la Patria, con la misión cumplida, pues habían obtenido todas las medallas de oro puestas en disputa en el Campeonato Centroamericano de Esgrima.

“Recuerdo que en la entrada principal de la escuela se creó un espacio lleno de solemnidad con fotos y pertenencias, y en una de las vitrinas se ubicaron mis poemas.

“Durante los días que los féretros estuvieron ubicados en la base del monumento a José Martí para que los cubanos dieran su último adiós a sus hijos y hermanos asesinados, nosotros, los deportistas de la ESPA Nacional, formamos parte de ese pueblo que tuvo que decir adiós.

“El discurso de Fidel fue profundo, como lo requería el momento, y a la vez cercano porque en una de las partes, al aludir a los deportistas, dijo:

¡Nuestros atletas, sacrificados en la flor de su vida y de sus facultades, serán campeones eternos en nuestros corazones; sus medallas de oro no yacerán en el fondo del océano, se levantan ya como soles sin manchas y como símbolos en el firmamento de Cuba; no alcanzarán el honor de la olimpiada, pero han ascendido para siempre al hermoso olimpo de los mártires de la Patria!

“Cuarenta años después, cada vez que hablo sobre el crimen de Barbados y cierro los ojos, reconstruyo en fracciones de segundo muchas de las escenas vividas con ellos: en el aula, en los matutinos, en las reuniones de la militancia de la UJC,...

“El Crimen fue una tragedia que cambió mi vida, mi manera de pensar y de actuar; reforzó mis principios éticos y, sobre todo, la idea de la necesidad de luchar contra cualquier acto injusto.”

El espíritu de aquellos que murieron un 6 de octubre nunca ha abandonado a mi familia; desde hace 40 años, a mi padre, José Ramón Terry Gregorio, lo acompaña una de las frases del líder histórico de la Revolución:

“MIS COMPAÑEROS NO ESTÁN, NI OLVIDADOS NI MUERTOS”

 


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