Agosto de terror en Bolivia

ataque pirata a Bolivia Hace casi 55 años, una aeronave lanzó dos bombas de 50 libras en el batey del antiguo central Cunagua, hoy municipio de Bolivia, en la central provincia cubana de Ciego de Ávila. Cuatro testigos de aquel ataque terrorista rememoran lo sucedido

Tras el olor a sangre y pólvora que aún respiran cientos de familias cubanas, se esconden nombres de agentes financiados por los Estados Unidos, entrenados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para matar sin piedad.

Muchos culpables de tanto luto y dolor, como Orlando Bosch Ávila, Luis Posada Carriles, Gaspar Jiménez Escobedo, Luis Zúñiga Rey, por citar algunos, cada año son tristemente recordados en Cuba porque la justicia ha sido mil veces segada ante los crímenes y actos terroristas cometidos contra el país.

No son los únicos. Agosto ha visto llegar a otros criminales, escondidos en las sombras de la noche, protegidos por la sorpresa y apoyados por las políticas del gobierno norteamericano que aún intenta derribar nuestro sistema social.

Entre ellos, JM/WAVE, código de una de las principales estaciones de subversión, terrorismo e inteligencia de la CIA en Miami, que organizó un sinnúmero de sabotajes, atentados y conspiraciones contra la Mayor de las Antillas a partir de 1962, bajo las órdenes de Theodore Shackley, el Fantasma Rubio.

Una de esas atrocidades contra la población civil de la Isla, la sufrieron los residentes en el batey del antiguo central Cunagua, hoy municipio de Bolivia, al norte de la provincia de Ciego de Ávila.

SALTOS DE ANGUSTIA Y HORROR

Eran las 5:00 de la madrugada del 15 de agosto de 1963 cuando la familia Gutiérrez despertó asustada. Dos vecinos, conocidos por Los Galleros, tomaban un sorbo de café caliente, como todas las mañanas, para luego partir hacia el monte donde tenían los hornos de carbón.

El ruido de una aeronave perteneciente a la organización paramilitar Movimiento Insurreccional de Recuperación Revolucionaria (MIRR), del terrorista Orlando Bosch Ávila, rompió el silencio de aquella inolvidable jornada. Dos bombas de 50 libras fueron lanzadas para destruir el central y robar la vida de cientos de inocentes en el hospital local (hoy La Casona).

"Yo me levanté cuando sentí los disparos de una ametralladora que al parecer iban dirigidos a la avioneta desde la garita de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR) ubicada en el central. Mi hermano mayor nos dijo: ´tírense al suelo que están bombardeando', y nos escondimos debajo de la cama y la mesa para protegernos. Aquella angustia duró como 10 o 15 minutos porque los milicianos actuaron rápido", rememora Andrés Gutiérrez Gutiérrez.

"El avión pasó por encima del barracón de familias donde vivíamos, pero minutos antes, escuchamos una explosión en el reparto Ballina. Yo era miembro de las MNR y tenía algunas nociones de ataques enemigos, por eso escondí a los muchachos y les dije que mordieran un lápiz para no afectarse los oídos", cuenta Oscar (Cucurucho)* Padrón Mesa.

"Cuando amaneció me puse a conversar con un vecino, quien decía que había un olor raro en el ambiente, como a pólvora quemada. En el patio contiguo al suyo vimos humo entre la hierba y fuimos a curiosear. Allí había una bomba enterrada en la tierra", alegó.

Andrés Gutiérrez GutiérrezAndrés Gutiérrez Gutiérrez rememora aquel día de angustia y horror

El artefacto cayó a solo dos metros del cuarto donde dormían los niños de la familia Gutiérrez. Uno de ellos, Andrés, y su amigo Enrique Ramos, dieron aviso a los milicianos, quienes vinieron con zapadores e indicaron: "nadie se acerque a mirar que es peligroso, la bomba puede explotar en cualquier momento". Allí quedó un guardia permanente hasta la llegada de los especialistas de la provincia de Camagüey.

"Teníamos temor, pero fuimos a mirar porque nunca habíamos visto una bomba tan cerca, salvo en las películas que en aquel entonces proyectaba el camión cine móvil cuando iba al barrio. Aquella bomba era muy grande, la parte que quedó al descubierto tenía casi un metro de largo. De haber explotado, ¡habría exterminado la vida de unos cuantos niños inocentes!", recuerda la maestra Concepción Acosta Aquino, quien en aquel año tenía solo 17 años.

"Ese día —agrega Cucurucho— suspendieron las clases en la escuelita y tuvimos que alejarnos de allí a más de un kilómetro de distancia. Decían que las bombas eran para destruir, causar daño y crear pánico entre la población, y lo lograron porque el susto duró casi dos semanas.

"Dos días después, la bomba fue desactivada y desenterrada. Los zapadores dijeron que no había explotado porque al caer, una de las aletas chocó con el avión y ese golpe la averió. Por eso nos salvamos y en el lugar donde cayó el artefacto, quedó un líquido extraño, parece que era para envenenar la atmósfera", cuenta Andrés.

HAY QUE DEFENDER LA REVOLUCIÓN

Desde agosto de 1960, el pueblo cubano había sufrido en carne propia los ataques terroristas de pequeñas aeronaves, planificados y ejecutados por agentes de la CIA en Miami. Hasta 1963 habían incendiado cañaverales en áreas aledañas a los centrales Violeta (hoy Primero de Enero) y Cunagua (luego Bolivia, actualmente desmantelado).

También asesinaron al miliciano Ramón Verdecia Sánchez durante un tiroteo en el central Niágara (Manuel Sanguily) en el municipio de La Palma, en Pinar del Río, atacaron tres embarcaciones pesqueras cubanas en el canalizo El Sombrero, en Cayo Galindo, Matanzas, y provocaron la explosión de una patana cargada de azúcar en el puerto Isabela de Sagua, en la provincia de Villa Clara.

"A veces en las noches sentíamos el ruido de avionetas sobrevolando por el pueblo, pero nunca hubo daños. Mi hijo Papito era muy pequeño y cada vez que eso sucedía, con temor de que pasara algo malo, me arrodillaba y rezaba a Dios para evitar cualquier desgracia", cuenta María Caridad García Martínez (Callillo), desde aquella época, residente en el reparto de Ballina, donde explotó una de las bombas lanzadas por la aeronave del MIRR.

"Aquella madrugada a mi hijo Papito casi le sale el corazón por la boca. Cuando fui a la cama estaba llorando y temblando de susto. Recuerdo que nos despertamos con el estallido de la bomba. Afuera había un ajetreo tremendo. Mi esposo se levantó rápido y corrió hacia la puerta, en calzoncillo y descalzo. Tuve tiempo de darle el pantalón y preguntarle a dónde iba. 'A buscar un arma, ¡hay que defender la Revolución!', me gritó mientras caminaba a toda prisa.

"Los vecinos corrieron hasta la casa porque pensaron que habíamos muerto. La explosión fue en el patio del difunto José, a pocos metros de donde vivíamos. Cuando pasó todo, él estaba ausente y su esposa en La Habana. Al regreso, quedó asombrado, pues con la explosión, todo lo que colgaba en la pared cayó al piso y se rompió.

"En el barrio —agrega—, las mujeres nos quedamos en casa para cuidar a los niños, mientras los hombres averiguaban lo sucedido. Cuando amaneció vimos alfileres, zíperes, trapos, alambres y otros objetos regados por todas partes. Parece que estaban dentro de la bomba. Los zapadores decían que era un artefacto casero, inventado, pero igual hubieran matado a quienes estuvieran cerca en el momento del impacto."

SOÑAR OTRO FUTURO

Aunque después hubo ataques terroristas en diferentes zonas del país durante el mes de agosto de 1963, el intento del imperialismo yanqui en el antiguo batey Cunagua falló, pues no hubo pérdidas humanas ni materiales.

bomba1Así publicó el periódico Revolución (hoy Granma), aquel acto terrorista contra los pobladores del batey del antiguo central Cunagua, en su edición del 17 de agosto de 1963

Era el llamado "Año de la Organización", en el que el esfuerzo principal del pueblo unido se orientó a la formación del Partido Unido de la Revolución Socialista, al desarrollo de las organizaciones de masas y de los organismos administrativos y económicos.

Respecto a la Revolución naciente de Fidel Castro Ruz, los pobladores estaban, incrédulos unos, en contra otros, y la mayoría agradecidos por los cambios que ya eran una realidad imperante.

"Nosotros éramos muy pobres, pero en ese año ya nos habíamos beneficiado con algunas de las transformaciones sociales y económicas del nuevo sistema. Las bombas fueron lanzadas en zonas donde algunas personas consideraban una 'guataquería' simpatizar con las nuevas medidas. A partir de esos atentados, muchos campesinos ignorantes comprendieron las consecuencias de un bombardeo enemigo, la importancia de estar preparados y tener conocimientos, por eso se incorporaron a las milicias y al estudio en las facultades obrero-campesinas", rememora Concepción Acosta.

El triunfo de la Revolución el 1ro. de enero de 1959 puso en crisis la hegemonía de Estados Unidos en América Latina. Las bases políticas del sistema de dominación norteamericano no podían asimilar la existencia de un proyecto social diferente gestado fuera de los escenarios de los centros de poder y decisión.

Desde entonces, la subversión y el terrorismo constituyen dos elementos esenciales de la política hostil que promueven contra la Isla, ya sea con campañas de propaganda, manipulación de la información para desacreditar el sistema social cubano, creación de redes de agentes para el espionaje, el sabotaje y la formación de grupos contrarrevolucionarios, los denominados "disidentes" que más allá de tergiversar la verdad ante la opinión pública internacional, representan la imagen de una oposición política interna como una fuerza alternativa a la revolución.

"Pese a las derrotas, los ataques terroristas contra Cuba no cesan. Según cambian los tiempos, el enemigo ha ido perfeccionando los métodos de hacer contrarrevolución. Ahora no lanzan bombas, sino que tratan de destruirnos desde adentro, de una forma más sutil sembrando odio, dudas, desconfianza entre nosotros, principalmente, en los jóvenes por ser los continuadores de la Revolución", puntualizó.

"En silencio, ofrecen mucho dinero, prometen hasta lo imposible si es preciso e incentivan la prostitución, las salidas ilegales del país, la corrupción, el abandono de los estudios, entre otras cosas. El verdadero cubano que ama a su Patria, aún cuando no porte un carnet de militante del Partido Comunista de Cuba o de la Unión de Jóvenes Comunistas, no cae en ese tipo de trampas, por eso debemos estimularlos desde el barrio y en el centro de trabajo.

"Ellos no van a parar nunca. El terrorismo del gobierno norteamericano contra Cuba —alega Cucurucho— no tendrá fin hasta que logren apoderarse de este pedazo de tierra.

"Mientras exista imperialismo nadie vivirá en paz en el mundo. Todos saben que desde la explosión del Maine, Estados Unidos ha buscado pretextos para apoderarse de nuestra Patria. Yo, como otros miles de cubanos, soy una víctima más del terrorismo, por eso lo condeno y espero que algún día se haga justicia."

Días después de la entrevista con Invasor, Oscar (Cucurucho) Padrón Mesa falleció.