Santo burlón

¡Menudo susto se llevó Marta María! La sartén se le incendió de pronto, cual si se tratara de una demostración culinaria de flameado, y lo tiró contra el fregadero, a punto de quemarse, mientras soltaba una retumbante “¡p…!” (Palabreja que parece haber perdido su maldad, entre tanto labio que, sin pudor, la grita en cualquier sitio, si para denotar cierto el  ánimo ante algo que anda mal, se expresa que “¡Esto está de p…!”; cuando hay que descalificar a otro: “¡Fulano es un p…!” o pidiendo que desaparezcas te agreden: “¡Vete pa’ la p…!”, entre toda una fauna idiomática que nos alejaría del tema.)

Marta, después del susto, lo primero que hizo fue tomar el supuesto pomo de aceite en sus manos y descubrir el origen del accidente. El envase estaba cambiado. Fue el momento de su transfiguración. Se le inyectaron de sangre los ojos. Abrió la boca cual dragón y gritó: “Robertooo, ¿qué has hechoooo?” Roberto, que se había tirado en la cama un ratico, saltó cual soldado en calzoncillos que en la madrugada le dan la orden de ¡A formar!, y allá te va eso.

Molestísimo, manoteándole en la cara, preguntó: “¿Chica, y a ti qué bicho te ha picado?” Y ella, con las manos en la cintura y contoneándose, le reclamó: “¿Puedes decirme qué hace este ron en el pomo de aceite de comer y con esta etiqueta?” El malhumor de Roberto se transformó en choteo e intentando abrazarla por la cintura, conciliador, respondió: “Pregúntaselo a Comercio Interior que ahora envasa también, ahí, el Ron San Diego.”

¡Ah, pero si este fuera el único caso estaríamos salvados!, como diría una amiga que de crítica se pasa, con razón. ¿No se han fijado ustedes en esos pomos recién aparecidos en el mercado envasando, incluso bajo idéntico color del plástico, lo mismo extracto de sirope que líquido abrazante para limpiar superficies, como el Nitrofumán? Un funcionario, de esos que lo justifican todo, quizás insista en la actitud conformista escondida bajo la popular expresión de “No importa que sea ñato, lo que importa es que respire”, desconociendo reglas esenciales del marketing en la relación envase-producto, incluso echándole culpas al Bloqueo, que a veces no tiene.

De manera que madres y esposas: ¡Estad más alertas que nunca! Busquen, en cuanto recipiente compren, el reclamo que alerta: Mantenga este producto alejado de los niños; y cumpla tan importante requerimiento para evitar el accidente que Marta María pudo tener al tratar de freír los huevos con el ron de Roberto, quien lo había colocado en la despensa con el fin de que su mujer no se percatara de que se trataba de un líquido altamente inflamable para el hígado.

Lo digo por mí, por ese despiste con que, de visita en otro país, en casa de una amiga, al lavarme los dientes pretendí usar el contenido de aquel atractivo tubo sin leer lo que contenía y, al frotarme los dientes, sentí una grasienta sustancia, de olor desagradable, que me dejó ardiendo la boca el resto del santísimo día, si se trataba, nada menos, que de una pasta vaginal.