Domingo, 23 de septiembre de 2018 10:28 PM

Penúltimo latido

La palabra, como el corazón, también palidece y se agota. La palabra, ese latido que nos une, a veces necesita descansar, hacerse casi imperceptible para que, la próxima vez, si no sobreviene el infarto, surja con más fuerza. Y cuando ese latido merma, o se hace distinto, o se acelera irremediablemente, ni el más sofisticado marcapasos lo equilibra.

Esta verdad poética y real me sirve para despedirme de ese otro corazón que son mis lectores, por algún tiempo, a la vez que agradezco este mínimo pecho de papel desde donde, gracias al semanario que nos acoge, pude reinventarme y, al menos, dejar una huella de afectos mutuos, a veces dulces, a veces ácidos o agridulces, en la búsqueda de esa media que tanto nos cuesta a los cubanos a la hora de enfilar, y afilar, los sentimientos.

Por lo cual, no digo que sea este mi último latido, sino el penúltimo, ese que deja abierta la puerta más importante para las pasiones en una próxima aventura, que no la clausura totalmente sino que se permite un resquicio por donde puedan respirar las ansias y los sueños comunes, de manera que El marcapasos cierra solo “por reparaciones”.

Soy tan malo en matemáticas que ni me dediqué a cuantificar la cantidad de veces que latimos juntos, ustedes y nosotros, desde esta metáfora colectiva, aunque lo importante son las cicatrices de cariño que haya podido dejarles como huella espiritual que nos aúna en el afán común de amar a este país y, sobre todo, al terruño avileño con sus fuertes contrastes, sus lindezas y también su mar de absurdos provincianos.

Agradezco, infinitamente, a quienes me leyeron para sumarse o disentir en torno a estas estampas acompañadas siempre de una foto, pequeñas crónicas que intentaron marcar el pálpito que somos dentro de esta geografía; a quienes me llamaban cada semana, me detenían en la calle o mandaban mensajitos a mi móvil, como la siempre amada Coqui; mi colega Carmen Luisa Martín Suárez, desde su lejano y macondiano Orlando González; hasta el último piropo, llegado, la pasada semana, de una jubilada como Esther Ortiz, de Ciro Redondo, para regalarme una bocanada de elogios.

Cuenta una vieja fábula la historia de un pordiosero que, acercándose a la reina de su comarca, suplicó que le ayudara, y esta contestó: “Primero dame algo tuyo”. Y el hombre sacó tres únicos granos de trigo de su bolsillo, recibiendo, a cambio, una moneda de oro. El pedigüeño, viendo aquello, dijo: “¡Oh, pero tengo más cosas para usted”. Y la monarca, mirándolo a los ojos, contestó: “No. Únicamente de lo que das de corazón puedes recibir”. Historia esta que nos enseña que en la generosidad, independientemente de lo humildes y pobres que seamos, está el mejor latido de la vida.

Como broche, estas penúltimas palabras: a sabiendas de que no necesita maquillaje ni cirugías estéticas, resguardemos nuestro corazón para que, en los momentos más tristes o difíciles, nos hable, nos mime, nos susurre, si siempre lo esencial será invisible a los ojos.


Comentarios  

# barbaro martinez 23-08-2018 11:48
ojala que cuando reparen al marcapaso,el tiempo que demorara depende en que taller sera si en CUC o en cup.
bien lo que queria decir que lo pongan en un espacio mas VISIBLE en el sitio digital.
JOSE ,muchas gracias

brmh
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