Martes, 20 de noviembre de 2018 11:16 AM

Palpitaciones

Posponemos el cierre del concurso El amor no se vende, convocado semanas atrás por esta sección, con límite hasta el sábado 27 de este propio mes. ¿Las razones? Invasor cambió su dirección digital y algunos concursantes se quejaron en torno a que le eran regresados sus trabajos. De manera que les rogamos los reenvíen al nuevo correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. En definitiva, debiéramos dedicar todos los días al amor. ¿O no?

A aquellos que se animen a participar también les recordamos que los trabajos pueden abordar el tema desde cualquier arista y deben tener como máximo 45 líneas en el tipo de letra Arial 14 y si es posible (no obligatorio) acompañar la historia de una foto relacionada con el tema.

Quienes no posean correo electrónico pueden entregar sus trabajos, hasta la fecha prevista, en la redacción de Invasor, cita en Avenida de los Deportes s/n Ciego de Ávila. Un jurado evaluará los envíos y, como dijimos, el premio consistirá en la escultura que se observa en la foto, una creación del grupo de orfebrería artística Pauyet, que arriba este año al aniversario 20 de su fundación y con toda gentileza la ha donado para premiar al ganador o la ganadora del certamen.

También queremos informarles que la dirección del periódico decidió que El marcapasos salga, a partir de esta edición, cada dos semanas, a fin de compartir el espacio con las caricaturas de Osval, ese magnífico colega con un sentido del humor crítico encomiable, de manera que me place cederle parte de este corazón de palabras con todo gusto y espero lo disfruten tanto como yo. “Nos vemos” el sábado 4 de marzo con los resultados del concurso.

Como cierre de este latido y regalo por este 14 de febrero, que aclaro no es solo el Día del amor sino también de la amistad, me despido con un delicioso microrelato del escritor José González Núñez, tomado de su libro Corazón.

“Todos los días se arreglaba el corazón como quien se arregla el cabello. Aquella mañana notó por primera vez que había comenzado a perder fibras del miocardio como quien va perdiendo el pelo. Buscó en farmacias y droguerías un crececorazones, pero no lo encontró. Fue entonces cuando decidió hacerse un injerto, sentimiento a sentimiento.”


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