Jabón para las neuronas

Diálogo de verano:

—¡Abrieron una tienda nueva, de TRD Caribe, que se llama Agua y Jabón, en el bulevar avileño!

—¡¿Agua y Jabón?! ¡Qué nombre más cursi, por Dios!

—Pero bueno, a mí ya nada me extraña, si pareciera que a los encargados de nombrar los establecimientos y productos el burocratismo les mató el gen de la imaginación. ¿Acaso el de las placitas no parece sacado de un cuaderno de preescolar?: El Ají, El Tomate o La Naranja…

—¡Hey, espérate, que estás totalmente equivocada! Eso es el resultado de un estudio de sicólogos contratados para evitar, más allá de los precios y el quebradero de cabeza de la cocina, que la gente tenga que “romperse el coco”. ¿Te imaginas que alguien tuviera que gastar tantas energías usando frases como “Voy a La Naranja Prohibida a comprar frutabomba verde”, “Vengo de La Malanga Galáctica donde me vendieron platanitos de segunda” (como si estuvieras hablando de carne de res), “Encontré zanahoria en el organopónico Los Vegetales Voladores”? De verdad que sería muy complicado.

—Sin embargo, años atrás, la gastronomía local se habría ganado un premio Michelín de cocina, para orgullo de la provincia, si hubiera inscrito aquel nombrecito de “mosaico avileño” con que, en un exceso de imaginación, nombraron a una morcilla negra y de pésimo gusto.

—Es que ustedes son unos criticones. Todo está pensado para que no fuerces tus neuronas más allá de sopesar cómo comer todo el mes con el salario
que te pagan y sin inventar. Por eso, en las tablillas de los mercados, a veces lees “queso cortable”; en la carta de cualquier restaurante “crema untable”; o
el famoso y popular “pollo troceado”.

Pero eso está hecho de muy buena fe. Así no tienes que buscar en los libros si el queso debe cortarse para comerlo, o si la crema puedes untarla sobre el
pan…

Es el momento mismo en que un “iluminado” mira hacia las vidrieras de la tienda, llenas de unas enormes pompas propagandísticas que ocultan los productos para que la gente casi mire huecos por adivinarlos, y grita: —¡Señores, que el título no lo puso un burócrata cubano, sino la fi rma italiana  bastecedora de esta cadena! Miren la dirección electrónica escrita allí: www.aguayjabon.it

—¡Ay, qué alivio! —suspira una ama de casa. ¡No sabes el peso que me has quitado de encima!

Y todos, al unísono, cual el antiguo coro de las tragedias griegas, gritan: “¿Y por qué?”

—Porque acabo de venir del mercadito de la TRD que está al fi nal del bulevar y allí tomé esta foto de la tablilla: “albóndigas de pollo higienizado”. ¿Es que acaso bañaron a las aves con los productos de Agua y Jabón para el picadillo?