Sábado, 22 de septiembre de 2018 4:47 PM

Con los huevos en la mano

Hombre en el bulevar con cartón de huevos en la manoNo me lo crean. Cuentan que unos sábados atrás actuaba un grupo humorístico en el teatro Principal y entró una pareja con un file de huevos en la mano, sentándose cerca del proscenio. Los artistas, al verlos, tragaron en seco y hasta a uno se le olvidó el guion porque pensó que los iban a “premiar” con una tortilla al natural.

Fue el momento en que el otro, con esa chispa propia de los cómicos para salir de situaciones difíciles, inquirió a la pareja con fanfarronería: “¡Qué! ¿Son para mí?” Y el matrimonio, abriendo desmesuradamente los ojos, respondió: “¿Tú’tás locooo? Después de la cola que nos metimos en La Elegante. Trata de comprar unas ‘posturas’ allí, bobito, que vas a conocer el mejor chiste que se hace en Ciego de Ávila: sacar la mercancía, en La Noche Avileña, obligándote a pasear con los huevos en la mano, un ‘pepino’ de vinagre al hombro y un par de jabones en el bolsillo.” Y el actor, petrificado, balbuceó un bocadillo (no de jamón y queso, sino de palabras) que le salió del alma: “¡Y después dicen que nosotros los humoristas apretamos!”

Ya mucha gente va a la cita sabatina no tanto por divertirse, sino por poder adquirir lo que comúnmente, en la semana, no se vende. De manera que primero olvidan cualquier cosa que la jabita.

Salió, pues, El Marcapasos a la calle buscando un latido esclarecedor sobre esa teoría, hasta hoy sin respuesta, de quién fue primero, si el huevo o la gallina y he aquí la arritmia de opiniones recogida:

Un profesor de Filosofía, loco por alcanzar una tanqueta de yogurt de fresa (que para adquirirla hasta en divisa ya hay que correr y gritar la pregunta más repetida en toda la historia del cubano: “¿Quién es el último?”), razon

ó, dado que las gallinas ponedoras no acaban de ponerse para la cosa (el huevo), y dijo que si según las teorías evolutivas los corales marinos fueron los primeros que desovaron, 542 millones de años atrás, podríamos hacer granjas sumergibles.

Su esposa lo miró con esa cara de “¿Pero, pero…?” y dijo que la idea era de un absurdo total “si somos una Isla rodeada de mar donde no se ve el pescado, y encontrar sal, la mayoría de las veces, se convierte en tremenda salación”.

Una señora, conmovida por haber logrado atrapar entre tanta revendedora, un paquete de galletas de sal lo apretaba, eufórica, contra su pecho y vigilando que nadie se le colara en la fila de los “susodichos”, fue categórica: “Eso no falla, mijito. Si sacan los ‘salvavidas’, sábado en la noche, pégale el cuño que alguna visita anda por ahí.” Mientras un “contento” de esos que recuerdan la vieja telenovela de Sin perder la ternura, “le ponía la tapa al pomo”: “Broder, las gallinas ponen los huevos los sábados en la tarde, para tener libre el domingo y poder lavarle las plumas a su gallo, ¡claro, si logran ‘empatarse’, primero, con uno de esos ‘tambuchos’ de detergente Rina!”


Comentarios  

# #ALBERTICO 20-04-2018 17:39
muy acertada esa reflexion, pero por que se relizan esas colas interminables en los puestos de ventas, sera que viene en el cromosoma del cubano, pero que ñle vamos a hacer si para todo hay que hacer cola.....
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