Sábado, 17 de febrero de 2018 6:39 PM

Basura

A veces me siento basura. Y no es cuestión de baja estima. Se me sube la presión cuando en nuestras tiendas los precios o la mala calidad me aplastan como mismo hacen los “buzos” con las laticas vacías de refresco o de cerveza, para luego venderlas.

Mirar en la vidriera de una tienda del comercio en moneda nacional tuercas y tornillos oxidados hasta el tuétano por el tiempo que permanecieron olvidados en algún almacén de este país, mientras a saber cuántas máquinas estuvieron paradas por la carencia de ellos, me hace el hígado paté. Pero que, encima de eso, quieran ahora que las compremos, como si fuéramos tontos de capirote, me indigna.

Me indigna ver expuestos los cuchillos de mesa carcomidos por la herrumbre, cuando me pasé años anhelando completar la cubertería para mi mesa sin éxito, si meses atrás se exhibían disquetes de computadora cuando ya esa tecnología no existe o guantes quirúrgicos vencidos, sabiendo que muchos servicios de salud, incluidas las cirugías, han estado detenidos, a intervalos, por ausencia de este importante insumo en hospitales y clínicas.

Y siempre buceando respuestas que no encuentro, digo que compraría con los ojos cerrados toda esa fauna inservible, al precio que fuera, si se acompañara de tarjeticas que dijeran: “Fulano de tal, exjefe del almacén A-348, de la empresa más cual, sancionado y sacado de su cargo por no darle correcto uso a bienes del Estado.”

A veces me hacen sentir basura, lo reitero. Blasfemo cuando, en esas tiendas en divisa a las que llaman eufemísticamente “de merma”, encuentro un cementerio de artículos defectuosos o rotos a los que le han hecho una rebajita en su precio inicial, y me siento timado, tanto en mi amor propio como en mi bolsillo, si el esqueleto de una lámpara te la ofertan cual si se tratara del bombillo original de Thomas Edison, sin garantía ni posibilidad de devolución.

Mas me niego a ser un desecho que no piensa. Y digo que es más decoroso luchar por la metamorfosis ante los burócratas que permitir que la desidia, también a ti, te revuelque para ensuciar, aún más las calles. Es el momento en que me río a carcajadas del absurdo y la empleada, que ni remotamente tiene la culpa, me cree loco. Salgo a la calle y tomo una bocanada de aire. No quiero ser una cajita más de jugo tirada al pavimento.

Sé que no lo veré, pero quizás mis nietos sí disfruten de una economía de oruga convertida, finalmente, en mariposa. Mientras tanto, con paciencia, me reciclo, me reciclo…


Comentarios  

# Lisandra 15-02-2018 09:13
Gracias Jose, que bueno que ya el periodismo permite que ustedes hablen por el pueblo, asi mismo nos sentimos cuando vamos a esas tiendas y lo mas lindo que a quien se le reclama si esas son las tiendas del estado que quieren timar al mismo pueblo, el que cobra una vez al mes y so pasa de 340 pesos.Saludos y no tenga PAZ con nadie.
Responder | Responder con una citación | Citar

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar