Martes, 22 de mayo de 2018 11:19 AM

Pies a los sueños

Yasmani DiazJosé Aurelio Paz Cuando un delegado de circunscripción se le sienta delante no hay nada más importante. Él se olvida del tiempo y del mundo. “De ahí salí yo para estar donde hoy estoy y sé lo importante que es que te escuchen y te ayuden a buscar una alternativa a cada problema, porque de ello depende la credibilidad en tu condición de líder”, afirma Yasmani Díaz del Castillo, un joven que, con apenas 28 años, carga la responsabilidad de ser el vicepresidente del Gobierno en el municipio de Morón.

“El día es una centrífuga —afirma—. No te alcanza el tiempo para lidiar con todas las situaciones que se te presentan y, encima de ello, tratar de no desatender a tu familia ni a tus amigos. Hago malabares con las horas, pero lo intento, porque si no eres un buen hijo, o un buen vecino o ciudadano, ¿de dónde te nutres, entonces, para llevar correctamente tu tarea?”

Todavía a esta altura de los días desde que nos encontramos para conversar un rato, él debe estar preguntándose por qué lo escogí para esta Cristalería, la cual no tiene otra pretensión que unir pedacitos de espejos nuevos donde todos podamos mirarnos y olvidar esa falacia generacional de que “la juventud está perdida”.

Lejos de la típica imagen del “cuadro” que trata de envolverte con palabras lindas y sonoras como para demostrar sus capacidades de dirección, Yasmani es una mezcla aún de timidez y de ternura cuando te habla de su infancia, y recuerda aquellos memorables días montado sobre el carretón de su abuelo Bertoldo, aprendiendo a amar a los caballos, o cuando su mamá fruncía el ceño ante el niño que no comía harina en casa y, después, se devoraba hasta el último granito de la que hacía su abuela Juana.

“Ahora soy yo el abuelo de mis abuelos, porque uno los llega a querer con sus achaques y enfermedades como si fueran los nietos que aún no tiene y ha de darles cariño; comprenderlos para hacerles ver que son ellos pilares importantes en tu vida”, me dice contándome miles de historias de su feliz niñez. “Siempre pienso en ellos cuando tengo que ser fuerte y exigente con personas mayores que yo y, a veces se resisten a acatar las decisiones que adopto ante situaciones puntuales, porque nunca puedo dejar de poner, en medio de cualquier discusión, el respeto.”

Dirigir un municipio tan complejo como Morón le quita el sueño, pero no las ganas. Cada día aprende de la gente y trata de colocarse detrás de las frustraciones y las aspiraciones del ciudadano común, haciendo lo necesario con la situación que afronta el país. Mira con nostalgia sus años de director de escuela, luego de graduarse de Maestro emergente en medio de tantos amigos que le creían loco por escoger esa profesión, si tenía tan buen escalafón como para alcanzar la carrera que le diera la gana.

Dentro de la larga lista de deudas que cada uno arrastra por la vida, está la de su maestra de Primaria, Ibis Bacallao, “recia y dulce a la vez, y de la cual hasta pensé que me había enamorado, porque siempre me han gustado las mujeres mayores que yo”; a Odalys y Jesús, sus padres, quienes le enseñaron los posibles caminos, pero siempre le dejaron escoger; a Iris Deysi González, la mujer delegada de la que tanto aprendió y le ayudó al ser electo en su circunscripción; a su actual esposa si por llevarle unos cuantos añitos nadie apostaba un centavo por la permanencia del matrimonio y van dejando boquiabiertos a los incrédulos; a tanta gente buena que se le acerca a darle un consejo de cómo hacer mejor su tarea.

“El gobierno es una escuela que te enseña a abrir tus horizontes como profesional y ser humano. Cada vez que adoptas una decisión cargas un peso sobre ti que no imaginas, pero es tu responsabilidad y has de hacerlo pensando en el bienestar de la mayoría, a no dejarte llevar por ideas o preferencias personales.

“¿Mis retos? No defraudar a los que me eligieron para esta responsabilidad y no olvidar que salí de una circunscripción, el espacio donde habitan los problemas y las esperanzas; seguir sacando tiempo para mi familia, incluso, para cocinar en casa el congrí que me queda bueno y echar una partidita de dominó con mis amigos de siempre, tomándome unos traguitos.

“Sí, he tenido que renunciar a cosas comunes como la de hacer cuentos, porque aunque no me lo creas soy muy chistoso y juguetón. Eso me encanta, pero temo que me miren mal y me tomen, ahora, como una gente poco seria.

“¿Aspiraciones? Tener los hijos que quiero y no llegan, volver al aula dejando un buen sabor de esta etapa de mi vida en la gente, porque ser maestro es una experiencia increíble; seguir siendo un joven normal, de estos tiempos, aquí en mi tierra, tratando de ponerle pies a los sueños.”


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