Sábado, 20 de julio de 2019 3:25 AM

Necesariamente, Lisbeidy

Lisbeidy es Primer Teniente y Segunda Jefa de Plana Mayor del Batallón de Infantería en la Escuela Provincial de Preparación para la Defensa Ramón Paz Borroto.

En su casa es solo Lisbeidy, durante las pocas horas que el trabajo le permite, porque, la mayor parte del tiempo, a su nombre lo acompañan sus apellidos (Leiva Castillo), un grado militar y una responsabilidad más grande que ella misma.

Pone su cabeza en la almohada a las ocho de la noche, a más tardar, y se levanta todos los días antes de que salga el sol. Un día normal comienza a las cinco de la mañana, con la preparación matutina para la jornada laboral.

Lisbeidy amanece siendo Primer Teniente y Segunda Jefa de Plana Mayor del Batallón de Infantería en la Escuela Provincial de Preparación para la Defensa Ramón Paz Borroto y continúa siéndolo durante el transcurso del día, hasta que, puertas adentro de su casa, vuelve a ser aquella muchacha que salió de su natal municipio Primero de Enero para estudiar una carrera militar.

“Yo estaba en duodécimo grado cuando el secretario de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos (EMCC) fue a mi aula captando alumnos. Me decidí por estudiar Licenciatura en Ciencias Militares en la especialidad de Infantería, en la Escuela Interarmas General Antonio Maceo, Orden Antonio Maceo. Allí pasé cuatro años en los que tuve que adaptarme, porque yo venía de un preuniversitario y no tenía la formación que mis otros compañeros lograron en los “camilitos”.

Aunque dos de sus tíos son militares, lo de liderar a otras personas no le viene, precisamente, por la sangre. De sus tiempos como estudiante recuerda la etapa en la que era la jefa de emulación en la Federación de Estudiantes de Enseñanza Media (FEEM) e insiste en que lo de dirigir a otros está en su carácter, porque se considera una mujer fuerte.

Precisamente fue eso, lo de dirigir, lo que la hizo optar por la especialidad de infantería pues “yo sabía que tenía que ver con el mando y que en ella se desarrollaban los grandes jefes”, motivos suficientes para sobreponerse a los tabúes contra los que debió luchar para convertirse en la persona que hoy es.

“La carrera que estudié es muy fuerte para las mujeres. Tenemos que hacer los mismos ejercicios que los hombres, aunque con parámetros de tiempo diferentes, pero nos da la posibilidad de demostrar que nosotras tenemos las mismas obligaciones que ellos al realizar algún ejercicio o cumplir una tarea, y, sobre todo, nos proporciona las herramientas para enfrentarnos al machismo, porque hay muchos hombres que no se adaptan a que sea una la que le dé las órdenes.”

Con apenas 22 años, llegó a su actual centro de trabajo y ocupó el puesto de Jefa de Pelotón de la Compañía de Armas. Luego fue ascendida a Segunda Jefa de la Compañía de Infantería. Un año después se convierte en Jefa de Compañía de Armas y, en la actualidad, con 26 primaveras, es una de las máximas responsables de hacer cumplir el orden reglamentario, velar porque se mantenga el correcto vestuario de los soldados, la disciplina y la limpieza, además de la puntualización de la disposición combativa.

Y a tanta insistencia de la periodista por saber cuánto le cambió la vida a aquella adolescente dirigente de la FEEM, ella se sonríe y acto seguido responde…

“Mucho. Imagínate que no es lo mismo la vida que llevaba a la de ahora, como tampoco son iguales la del cadete y el oficial, pero esa fue mi elección. Me encanta salir con mis amigos, bailar, divertirme, pero todo requiere de mucho esfuerzo personal y también por parte de la familia.

“Gracias a ese esfuerzo es que una se gana el respeto de sus compañeros. Si se hace una marcha combativa, ahí debo estar, tengo que conocer muy bien mi trabajo para poder decidir cómo deben cumplirse las tareas y guiar a mis subordinados de la mejor manera”.

—Entonces, ¿crees que una mujer es imprescindible en cualquier escenario de la vida militar?

—Creo que nosotras tenemos más capacidad para motivar a nuestros compañeros y, cuando nos lo proponemos, llegamos a ser más fuertes. Y no, no somos imprescindibles, nadie es imprescindible, más sí necesarias.

Luego de la conversación, la Primer Teniente Lisbeidy Leiva Castillo vuelve a sus habituales voces de mando, al frente de un batallón por el que responde, en tiempo de paz y de guerra. El lente de la cámara se queda mirándola y con él lo hacen el fotógrafo, la periodista, el equipo completo. Captan en una foto su esencia donde solo puede ser, necesariamente, ella.


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