Lunes, 19 de noviembre de 2018 9:02 AM

Mujer de ley

De no haber sido por el fatalismo de aquella prueba de aptitud, tal vez su nombre apareciera hoy en el crédito de esta entrevista, mas quiso el destino que lo suyo fuera el Derecho y no el Periodismo, y a sus 25 años de edad, Keilyn González Valera conoce de sobra lo que es un tribunal aunque siempre parezca que va por primera vez pues “ningún caso se parece a otro”.

Y se habrá sentido orgulloso el padre cuando “la niña” decidió seguir sus pasos. Gracias a él, licenciado en Derecho por el Ministerio del Interior (MININT), fue que conoció las primeras interioridades de una profesión que hoy puede llegar a robarle más de ocho horas al día.

Apenas unos años de carrera le bastaron para decidir que sería fiscal, pero no cualquiera, sino de Procesos Penales, por más que sus compañeros decantaran por otros caminos porque ella quería ser esa suerte de “protectora” incapaz de disimular, aun, su afición por aquellos casos que involucran la defensa de menores de edad, los que a todas luces, se ve, le tocan más profundo.

Entonces llegó la Fiscalía y ese colectivo de trabajo en el que pocos rostros masculinos pueden descubrirse, “misterio todavía por averiguar” —dice entre risas— y, con ella tantos casos por resolver que ya ha perdido la cuenta. Sin embargo, cada uno ha dejado huellas pues “todos tienen algo que te llama la atención, que causa lástima o tristeza pero a la vez te da cierta alegría, cuando en el momento del juicio sientes la satisfacción de la víctima o sus familiares”.

Todavía recuerda su primer juicio y no se le ocurre otro adjetivo para definirlo que difícil. Como tampoco puede olvidar la extraña sensación que la abordó cuando en medio de aquel salón del Tribunal Provincial, por demás, tan lleno de personas, miró a su alrededor y no fue precisamente juventud lo que encontró en el estrado.

Antes de llegar a Proceso Penales, primero fue el departamento de Atención a la Población su escuela donde conoció un montón de personas urgidas de resolver su problema, entre ellas, aquel hombre que, al verla, le preguntó cómo podía encontrar a la fiscal encargada de atenderle mientras trataba de entender que aquella muchachita fuera capaz de tamaña responsabilidad. Y grande resultó el fogueo allí porque “hay que conocer de cada ley, hoy atiendes un caso de lo laboral pero mañana te llega uno de civil, después tienes uno asociado a la vivienda y sobre todos hay que estar al tanto de la normativa actual”.

Al término de cada juicio sabe ella que habrá quedado bien con unos y será la mala de la película para otros porque si hay algo que un fiscal no puede evitar es que “la familia del acusado te ve como el ente negativo, y a su vez, para los allegados a la víctima eres el defensor de sus derechos”. Por ello se conmovió tanto cuando a la salida del tribunal, una anciana se le acercó para felicitarla por las palabras pronunciadas en el estrado, no obstante, mayor fue su asombro, al escuchar los vocablos abuela y acusado en la misma oración.

Con una rutina que comienza de lunes a viernes a las cinco de la mañana, hora en que despierta para agenciarse un transporte que la acerque desde Ciro Redondo hasta la Fiscalía del municipio cabecera, y que muchas veces culmina pasada la cinco de la tarde, Keilyn no solo puede vanagloriarse de los tantos casos en los que ha salido airosa durante estos tres años, sino también de su membresía en el Comité Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y los meses en los que descansó del viaje diario, pero triplicó sus responsabilidades al frente de la Fiscalía Municipal del territorio pinense.

Y aunque prefiera no llevar el trabajo a casa porque considera que ese es tiempo para disfrutar de la familia, tampoco es que pueda desligarse con tanta facilidad de él porque “desde que uno es fiscal ya tu nombre no es Keylin, ni eres más la hija ni la nieta de fulanita, sencillamente eres Keylin, la fiscal, a cualquier lugar donde vayas”.


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