Viernes, 14 de diciembre de 2018 10:53 AM

Atada a un sueño

Aimé de la Caridad de León LópezEric Yanes “Yo soy así, no es por caer bien, es que me gusta ayudar a todo el mundo”, dice una joven de Ciego de Ávila.

Si alguien cree en el destino, esa soy yo. Por eso, que Aimé estuviera el 27 de octubre en aquella Asamblea Municipal de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) era la evidencia de que algunos planetas se habían alineado para justificar lo que el horóscopo me había predicho: hoy puede ser un gran día.

Y en mi cabeza comenzó a sonar la canción de Joan Manuel Serrat, recordándome que, si te lo propones, puede suceder, y sucedió. Allí estaba ella, en la puerta del Centro Cultural Arauca, en el municipio de Venezuela, cuando llamó mi atención por su juventud, porque, un sábado a las nueve de la mañana, los adolescentes pueden estar en cualquier parte menos en una reunión.

La aclaración llegó cuando levantó su mano y casi hubo que mandarla a callar después de que explicara quién era ella y cuáles eran los motivos que la tenían despierta desde tan temprano.

—Mi nombre es Aimé de la Caridad de León López

—Explícales a los presentes por qué estás aquí —dijo alguien desde la presidencia.

—Yo soy delegada del bloque 35 de la FMC en el edificio 10 del Micro distrito —dijo ella—, y estoy aquí para hablar sobre mis experiencias. Pienso que, lo más importante, es no dejar atrás a las mujeres que comenzaron todo este trabajo.

"Esta tarjetica —y enseña un papel que tenía en las manos desde que comenzó la Asamblea— es hecha por esas mujeres, pero con algo tan sencillo una se siente motivada y comprometida con ellas."

—¿Y qué edad tienes, Aimé? —inquirió la misma voz

—15 años.

Y, entonces, lo entendí todo. Me surgieron preguntas que la premura del tiempo mutiló al final del encuentro. No hubo más remedio que guardar su teléfono y continuar a ciegas una entrevista que se había detenido en aquel detalle: “Yo soy así, no es por caer bien, es que me gusta ayudar a todo el mundo”, me dice en los cinco minutos de contacto verbal después de la Asamblea.

—Comencé el preuniversitario este curso y el primer día me paré en frente de los muchachos para recoger 15 pesos por cada uno y pintar el aula, porque yo sé que para la escuela esto se hace difícil. Compramos la pintura y ya mi aula está "en talla" y se toca el pecho como señalando que en verdad es suya.

—Te llamo hoy por la tarde, ¿estarás en tu casa? —le pregunté.

—Sí, no te preocupes —me dijo.

Pero, como el tiempo de los periodistas se va tan rápido entre coberturas y notas de agenda, lo confieso, olvidé llamarla. Hasta el lunes debió esperar la “urgencia“ que, al parecer, era más de ella que mía.

“Ay, mija, si no ha salido de la casa porque la periodista la iba a llamar” —dijo la madre cuando, a las 8:30 de la noche, el teléfono sonó en su apartamento—. “Ahora está por allá abajo conversando con las amiguitas, pero sube a las 10:30 porque le pongo hora para que regrese”.

—¿La vas a llamar, verdad? —dijo la señora

—Claro —le respondí.

A las dos horas, retomamos aquella conversación que me había dejado mirando su foto en mi teléfono y preguntándome cuánto de misterio habría en aquella niña.

—Mi abuelito se murió hace cinco meses, y fue quien me enseñó que no le podía decir que no a nada; pero, es que a mí me gusta ayudar a la gente; fíjate que, el otro día estábamos en el matutino de la escuela y uno de los muchachos se desmayó, yo fui corriendo a apretarle la vena central, debajo de la nariz, y enseguida se levantó, Los demás me decían: "Mira a la doctora" y aquello me puso orgullosa.

—¿Entonces, vas a estudiar medicina?

—A lo mejor. He aprendido mucho con mi cuñada y, a veces, voy a las guardias con ella, pero también quisiera ser ingeniera agrónoma porque me gustan la tierra y los animales.

De sus padres, me cuenta que le dan todo el apoyo del mundo, al igual que su padrastro, quien la crió desde los cuatro años. Y, otra vez, habla del abuelo.

—Me inculcó el gusto por la lectura, por él empecé a leer El recurso del método, de Alejo Carpentier, pero no entendí mucho, estaba un poquito "pesao". Ahora estoy loca por leer La Historia me Absolverá, allí está todo el pensamiento de Fidel Castro y mi mayor sueño era conocerlo.

Aimé confiesa que no tiene tiempo para aburrirse, y ahora planifica hacer el festival de la botella en su edificio, donde a la persona que más botellas recaude se le hace una fiesta.

—¿Te consideras feliz?

—Sí. Tengo muchos amigos, mucha gente que me quiere y quiero; fíjate que hasta a los que no conozco en la calle, y les pregunto la hora, les digo: amigo. Yo soy de esas personas que, si te veo una vez, tengo que saludarte a la siguiente; si voy a la finca de mi papá, me embarro de grasa con él para arreglar el carro, pero lo que más me gusta es ayudar a las personas mayores para que no se sientan olvidadas.

Luego de dos horas de plática, esta periodista entendió el por qué los padres decidieron acompañar el nombre de Aimé con de La Caridad.

A eso le sumamos que la niña es delegada a la Asamblea Provincial de la FMC y al Congreso Nacional, otras dos razones para no aburrirse en los próximos tiempos. Y, cuando sea una viejita y los años le pesen en la espalda como cruz que debe cargar toda la vida, Aimé será una mujer con más responsabilidades que arrugas en su cuerpo. Eso también se lo enseñó el abuelo.


Comentarios  

# ulises 27-11-2018 13:28
Muchos jovenes como esta estamos necesitando con iniciativas y con atino para emprender tareas que muchas veces olvidamos que son necesarias
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