Jueves, 22 de febrero de 2018 1:53 AM

Yanquis “sordos” en La Habana. Primera temporada (+Video,Tuit)

El discurso de Donald Trump en el teatro Manuel Artime de Miami, el pasado 16 de junio, pareció en su momento una bravuconería, una gratificación al público que allí lo aplaudió, un “duérmete mi niño” para Marco Rubio y compañía sin mayores implicaciones en el plano real.

Sin embargo, ahora sabemos que ya en esa fecha la Casa Blanca estaba armando su “muñeco diabólico”, gestado a partir de incidentes de extraña naturaleza, acaecidos —según ellos— en La Habana, que se habían mantenido convenientemente detrás del telón.

Una vez destapada la caldera las noticias se han desparramado, calentando el ambiente y enfriando el diálogo. Primero, la decisión de Washington, con fecha 29 de septiembre, de retirar el 60 por ciento de su personal diplomático, dizque Cuba no cumplió con el deber de protegerlos. Luego, la exigencia, este martes, de que la embajada cubana en Estados Unidos también recorte su plantilla, a fin de mantener un “equilibrio”. El ultimátum de siete días a 15 funcionarios isleños viene acompañado del argumento de que se trata de agentes de la Seguridad del Estado que estarían realizando labores de espionaje e inteligencia.

A todos los supuestos respondió Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores, en conferencia de prensa a inicios de esta semana. El canciller calificó de infundada e inaceptable la decisión del gobierno estadounidense, teniendo en cuenta que no existe “ni una sola evidencia” de los mal llamados “ataques sónicos”, presumibles causantes de afecciones cerebrales y auditivas en una veintena de ciudadanos norteamericanos.

• Lea aquí: Declaración del Ministerio de relaciones Exteriores

Si bien es cierto que Estados Unidos no acusa a la Isla, porque en buena lid no hay pruebas de una acción deliberada por parte de ciudadano o grupo alguno, sus acciones posteriores (incluida la escasa información compartida y la dilación del intercambio entre expertos de ambas partes) socavan la disposición de avanzar en las relaciones bilaterales y en la, ahora, menos probable normalización.

Los efectos a largo plazo de este nuevo capítulo en el diferendo bilateral son desconocidos, en tanto es imposible predecir otras acciones como el cierre definitivo de las embajadas o la ruptura de relaciones diplomáticas.

Lo que sí está claro es el impacto negativo en la ciudadanía de ambos países, a partir de la suspensión indefinida de los trámites consulares, que incluyen la emisión de visas de inmigrante, por ejemplo, y la complejidad para las de no inmigrante (que se podrán solicitar en cualquier embajada o consulado de Estados Unidos en terceros países, según publica la página web de la embajada estadounidense en Cuba).

 Sin ttulo

Si nos pusiéramos estrictos tendríamos que decir que, en todo caso, la sordera yanqui es vieja, de antes, desde las tantas veces en que han desoído el clamor internacional ante sus desmanes y esta se antoja una nueva temporada de su escalada contra sistemas políticos que no encajan en su concepción del mundo.

De lo sucedido hasta el momento, lo más preocupante es la hostilidad manifiesta de la actual administración estadounidense; los “arranques” de un Donald Trump y su gabinete que maximizan hechos no comprobados, al punto de echar por tierra tres años de diálogos, y minimizan el desastre de Puerto Rico, como en una feria de atracciones, mientras lanzan papel sanitario a la gente. A los cubanos nos vendría bien una dosis de ecuanimidad y sentido práctico para no caer en provocaciones. A los boricuas fina puntería para devolverles el papel... usado.