Ley de leyes en Cuba: la más progresista para su época (Parte 3 y Final)

En lo que se esperaba fuera una nueva Cuba, forjada con muchos años de todo tipo de sacrificios, la sexta Ley de leyes estuvo marcada por la afrenta. El 12 de junio de 1901, tras el vehemente rechazo de varios delegados, se aprobó incorporar un apéndice a la Constitución, nada menos que la Enmienda Platt, la cual abrió las puertas a la condición neocolonial que facultaba a Estados Unidos para intervenir en Cuba.

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Sin embargo, en el contenido de esta apareció por primera vez, en el artículo Uno, la referencia a un estado independiente y soberano, que adoptó como forma de gobierno la república.

Y de un bochorno en otro, poco más de dos décadas después, el, en aquel tiempo, presidente Gerardo Machado emprendió una reforma constitucional, con la finalidad de alargar su mandato, que aunque ganó un amplio rechazo popular, al final, en 1927, resultó aprobada.

La Constitución de 1940 cristalizó como consecuencia de las luchas sociales de los años treinta contra el gobierno despótico de Machado. Es expresión del pensamiento político de la época, logrado por consenso público y establecido por la Asamblea Constituyente.

Entre los avances contenidos, sobresalen el derecho de los obreros a la huelga, la protección especial a la familia y a la igualdad de la mujer, así como la disposición por la educación general y gratuita, y la salud pública al alcance de todos. De tal suerte, fue considerada como la más avanzada de las cartas magnas de su tiempo en América.

De carácter democrático-burgués, se dio a conocer el primero de julio de ese año, para ser rubricada en Guáimaro, Camagüey; de esa forma se establecía un vínculo histórico con el fundador de los textos constitucionales de Cuba, lo que evidencia el propósito de colocar a ese cuerpo legal en la tradición jurídica de la República, en consonancia con parte de los ideales defendidos por los cubanos durante sus luchas por la independencia iniciadas en 1868.

Pero, como en esta etapa todo intento para favorecer a la mayoría tuvo un pero, los atributos fundamentales de este texto quedaron, de lustro en lustro, a la espera para hallar su verdadero espacio.