Miércoles, 17 de octubre de 2018 8:39 PM

El espacio del 10 de octubre en la Constitución

Vivimos una fecha en la que, cuando nos acercamos a ella, es inevitable preguntarnos ¿desde cuándo sentimos como cubanos? o si sería ese el gentilicio que, realmente, debiera identificarnos porque, quienes habitaban la isla, con anterioridad, fueron exterminados como consecuencia de los tratos crueles de los conquistadores a través de los siglos.

Pienso en ese decursar, pues, visto a la distancia, resulta menos complicado ahora considerar al 10 de octubre de 1868 como el momento descollante en ese largo proceso, visto, la mayoría de las veces, sin ahondar tanto en las razones que alimentaron el pensamiento de lo nacional.

Camino hacia la conciencia, que siempre estuvo limitada por los intereses económicos, sin duda, el problema fundamental. Ya que quien poseía los bienes, se preocupaba primero por mantener su estatus y, no pocas veces, el que decidía conspirar fue delatado, y terminó en el sacrificio.

La historia se hizo fértil con aquellos que lo intentaron contra la férrea dominación española, e, incluso, entregaron sus vidas, entre los que se distinguen los nombres de Joaquín de Agüero y Agüero y de sus hombres, en el Camagüey de mediados del siglo XIX.

Hoy se ve, con cierta claridad, que los iniciadores fueron anexionistas, después reformistas, hasta radicalizar la idea de la independencia; que primero fuimos criollos y, también, que la esclavitud constituía uno de los dilemas fundamentales por resolver.

Por eso le corresponde a Carlos Manuel de Céspedes el mérito, quien, en el mismo sitio en que se levantó en armas, proclamó la independencia de Cuba, liberó a sus esclavos y los exhortó a incorporarse a la lucha; así, el Manifiesto del 10 de octubre, establecía que “todos los hombres somos iguales”.

Vista, entonces, la fecha, más que con el ánimo conmemorativo de los 150 años del inicio de la Revolución en Cuba; es válido, entendemos, denotar de dónde proviene el espíritu que transpira el texto del Proyecto de Constitución que, por estos días, es sometido a la consulta popular.

Observemos que no son pocos los artículos que, de forma directa o implícita, vienen a ampliar la idea original del Padre de la Patria acerca de que todos los cubanos, sin excepción, a la vez que asumamos los mismos deberes, gocemos de los mismos derechos; algo consagrado en textos anteriores y que, todavía, a estas alturas, requiere de determinado aporte desde la razón colectiva y, también, en el nivel institucional.

Ahora, sin duda alguna, el aliento de nuestras raíces —exaltado con todo merecimiento y respeto por esta fecha—, que, con mayor celo, protege la próxima Carta Magna cubana, es el relacionado con el basamento político.

No por gusto, el artículo número uno deja claro que “Cuba es un Estado socialista de derecho, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria e indivisible…”.

Entendida, entonces, es la necesidad de actualizarnos respecto a los tiempos que corren en el mundo presente, que requieren de reajustes en las áreas del pensamiento económico y del derecho de los hombres y mujeres; pero sin tocar las conquistas que vienen consagradas desde las ideas iniciales de libertad de los cubanos.


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