Viernes, 21 de septiembre de 2018 9:47 AM

Los oros de mi terruño: Ciego de Ávila

Todas las medallas de Cuba las disfruto, de la misma forma que un puertoriqueño o un salvadoreño lo hace con los triunfos de su país en estos XXIII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe. No soy de los que cree que las nuestras son más o menos grandes. Solo digo que esas son las mías, las de este país de cuatro letras que aprendí a amar desde pequeño. Sus oros son mis oros. Sus traspiés, como míos, también los lloro.

Y si un nuevo trono es conquistado por uno de los que me acompañan en esta Patria Chica que es mi Ciego de Ávila, entonces mi regocijo es doble y hasta intento creerme que soy quien está en el podio. ¿O acaso no he subido ya cinco veces a lo más alto por estos días?

Escalé junto con Maylín Sánchez tras conquistar el primer lugar en la persecución por equipos del ciclismo femenino y lo hice también este domingo con el luchador de la división de 77 kilos Ariel Fiss cuando logró doblegar 3-1 al venezolano Luis Avendaño.

Salté de alegría junto a mis cuatro coterráneos que merecieron el título como integrantes del equipo de hockey sobre césped. Yo sé lo que sintieron Heriberto Sarduy, Maikel Tritzant, Carlos Manuel Consuegra y Yendry Delgado porque estuve con ellos. Unas fechas antes me abracé a Yurismailis García Sánchez, quien fue la portera que les negó los goles a las oponentes mejicanas para que Cuba mereciera también la corona en la rama femenina.

Vendrán más alegrías, como también llegarán para otros habitantes de Centroamérica y el Caribe. Pero desde ya soy agradecido: mi terruño avileño me ha vestido de oro.


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