Domingo, 23 de septiembre de 2018 6:25 PM

Un abrazo traducido

La política oficial, generalmente, se expresa de manos. Las palmas se unen y mientras se estrechan, los políticos miran a las cámaras, esperando la instantánea. Casi nunca se muestran absortos en el apretón. Los más o menos cercanos se dan una palmadita en el hombro al concluir, se estrechan las cuatro manos o se sostienen unos segundos extras. Así se refuerzan los lazos según el lenguaje de las manos.

Pero según Raúl Castro y Miguel Díaz Canel eso no se hace así. O, al menos, no solo así, y este miércoles una imagen los ha delatado. En ella Díaz Canel aparece inclinado hacia Raúl y el gesto (se me antoja) no es, inicialmente, por imperativos de su estatura física. Su mentón descansa, al mismo tiempo, sobre los hombros de quien todavía admite reposos y el peso de todo un país. Las manos, abarcadoras sobre ambas espaldas, enfatizan una pose que impide saber a ciencia cierta quién atrajo a quién a su regazo, quién abraza y quién se deja abrazar, quién correspondió al gesto inicial o si tal reciprocidad fue milimétricamente expresada. Parecen fundidos.

Aunque las imágenes han sido tomadas de perfil; cuando se observa la serie de instantáneas algunos ángulos dejan ver el rostro de uno y otro, los dos sonriendo sin que el fuerte apretón los contraiga. Y si no supiéramos que ambos habían estado viéndose con demasiada periodicidad, que estaban, incluso, sentados, al lado, podríamos imaginar que ese abrazo parecía el de dos hombres que llevaban tiempo sin verse. Pero hay ciertos gestos, y ciertas Revoluciones, donde se aprieta fuerte, la continuidad.


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