Viernes, 15 de febrero de 2019 10:34 PM

Tiempo de retoño

Si la Isla de Cuba no ha naufragado hasta hoy no ha sido cosa de la buena suerte. Tiene este pedazo de tierra en el mar poderosas raíces que le nacen, sobre todo, hacia adentro; aunque es muy fácil percatarse de que afuera también crecen.

Son esas raíces, hebras variopintas, ensortijadas sobre sí mismas o buscando la luz, empinadas; entretejidas sin que se pueda determinar dónde el inicio o dónde el final; conectadas no únicamente a la tierra, que sería una manera demasiado elemental de existir.

Parece lugar común la metáfora, porque aspira el ser humano a la envidiable resistencia de los árboles sujetos al suelo, soportando tempestades y fuerzas telúricas.

Mas, el triunfo verdadero de la Isla cargando el peso de un país no está en las leyes físicas que mantienen a la palma erguida o a la tierra a flote: el triunfo verdadero de la Isla en peso son los amarres infinitos, las anclas enterradas en las entrañas de la nación que la hacen permanecer, no importa qué vientos huracanados soplen.

Mañana es un buen día para calibrar la fibra y la tensión de esos amarres. Enlazados de buena gana a la Patria, como quien toma por la cintura a un amor, vayamos a ejercer el derecho conquistado.

A fin de cuentas, si Cuba fuera una palma o una barcaza, las elecciones de este domingo no tratarían de cortar, sino de multiplicar los torzales del tejido social que somos. No es cuestión de sustituir una raíz histórica por una más joven, pues, quién no lo sabe, es la unión la que da la fuerza. Hay un tiempo para todo y el tiempo del relevo llegó. No es poda, es retoño.

Seamos nudo apretado, ancla en el centro del pecho de la Isla, raíz inalterable con la suficiente flexibilidad, sin embargo, para hacer que, manteniéndose afincada siempre en sus principios, Cuba avance.


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