Lo que Cuba desea

Se viven días de cambios en Cuba, de esos que se producen y jamás se olvidan, sin embargo, el ritmo cotidiano no varía. Mi vecino Jorgito, madrugó para estar a tiempo en la parada que lo conducirá a Cayo Coco, donde trabaja para el turismo.

En Ciro Redondo, Arley, un guajiro que no le teme a “la pincha”, echa a andar su moto rumbo a una minindustria próxima al poblado de Ceballos, donde el tomate espera para ser procesado.

Yadira, residente en el poblado majagüense de Campo Hatuey, vuelve al apuro matutino para llegar al círculo infantil y recibir a “sus bebés”, mientras sus hijos Pedrito y Yasiel disfrutan de la semana de receso docente.

La gente asume sus rutinas y aunque percibe que algo cambiará en las próximas horas, cuando el General de Ejército Raúl Castro Ruz finalice sus funciones como presidente de Cuba.

Sí, tendremos un nuevo presidente llamado a hacer cambios favorables para el desarrollo de la Patria, pero la esencia se mantiene: la tranquilidad ciudadana, el respeto a los valores y principios de la Revolución, la idea de que una Cuba mejor es posible.

Asegura la avileña Ana Berta que “en los momentos actuales que vive el mundo, el proceso eleccionario cubano se hizo con la profundidad y el rigor necesarios, por eso confío en el futuro del país”.

Y se habla en las calles de transformaciones que hagan más viable la vida del cubano: mejor remuneración en oficios que todavía no reciben lo adecuado, exigencia para que los servicios ganen en calidad, más dureza contra lo mal hecho, luchar por la belleza del entorno, buscar mayor disciplina social…

Nada fácil le será a la nueva dirección de la Revolución asumir el reto de que Cuba avance. Claro, no todo depende de ellos, sino de lo que se haga en la base.

La Revolución la hizo el pueblo, con un guía de talla universal que marcará pautas por mucho tiempo, pero de Fidel quedan las ideas, los programas que concibió y por encima de todo, el amor a su gente. De esa unión indestructible depende el futuro de Cuba.