Martes, 20 de febrero de 2018 8:35 AM

¿En quién delego?

Tal y como se ha informado, más de 298 000 electores de la provincia (85,59 por ciento del total, según listado), culminaron satisfactoriamente su primera vuelta sobre las urnas, en el contexto del actual proceso de elecciones generales.

Y, aunque ya quedaron electos 517 delegados (254 de ellos ratificados), todavía 35 circunscripciones electorales deben ir a segunda ronda, este domingo 3, para decidir lo que ya despejaron las demás el pasado día 26: ¿quién será el hombre o la mujer que los represente en el transcurso de los próximos dos y medio años?

Y he ahí una pregunta medular, porque no se trata de un acto o momento formales. No es llegar, identificarse, tomar la boleta, entrar al cubículo y hacer una cruz sobre cualquiera de los candidatos. Es concederle el voto al que, desde todos los puntos de vista, resulte mejor para los que residen en ese barrio o comunidad.

Todas las etapas demandan gente capaz en responsabilidades que repercuten, de forma directa, sobre la satisfacción de las necesidades y preocupaciones fundamentales de la población, pero el momento que estamos viviendo lo requiere mucho más, en medio de condiciones muy tensas en lo económico y financiero, disparo de precios a un ritmo totalmente incongruente con el estatismo en la mayoría de los salarios, insuficiente nivel de recursos para resolver o aliviar urgencias, depresión en algunos servicios…

Si a ello se suma el agitado paso que signa la vida del grueso de la población, el exceso de "reunionismo", la forma en que campean, sin necesidad, el burocratismo y el “peloteo” en no pocos sectores, entonces es evidente que la provincia, y el país todo, necesitan delegados de pie en tierra, aptos, en primer lugar, para escuchar, ver y sentir al ciudadano que en ellos depositó confianza.

Los que votaron ya y volverán a ejercer ese derecho mañana deben estar preparados para hacerlo por quien, después, pueda pararse “en tres y dos” frente al director, administrador o funcionario de la empresa, entidad u organismo que debe resolver el problema o, al menos, ofrecer una respuesta convincente en el justificado caso de no solución.

Delegado es el que, en la forma, momento y lugar adecuados, defiende, como felino boca arriba, el planteamiento de sus electores, no se conforma con evasivas, pretextos o argumentos superficiales y no se rinde, aunque tenga que llevar o catapultar el asunto hasta las sesiones del mismísimo Parlamento cubano.

De la honradez a prueba de balas y de la consagración a tiempo completo no es necesario hablar. Eso se sobreentiende, como también es obvia la capacidad que deberá tener para, con idéntica claridad, ubicar de modo respetuoso, en su justo lugar, a ciertos electores que, con pésima memoria para recordar sus propios deberes y distantes, además del latido del barrio donde viven, suelen ser los primeros en exigir, a todo costo, derechos gratuitos.

Por ese delegado o delegada posible, están a tiempo aún de votar en 35 circunscripciones mañana. Ojalá con igual criterio de calidad lo hayan hecho aquellos que, bien temprano o en el resto de la jornada, concurrieron a las urnas el pasado domingo y ya le pusieron nombre, apellidos y rostro concreto a ese primer —y si se afinca, bien determinante— eslabón en la cadena de poder del pueblo.


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