Lunes, 20 de agosto de 2018 10:16 AM

Donde comienza el Gobierno

Levantarnos temprano el día de las elecciones, tomar la boleta y marcar una cruz por un candidato u otro no tendría el más mínimo valor sin el día de mañana. Literalmente, mañana. Este domingo cada uno de los delegados electos en las circunscripciones tendrá asiento en la Asamblea Municipal del Poder Popular de su territorio y, a partir de ahí, comenzará un camino de responsabilidad y compromiso con el bienestar de los demás.

Uno no se convierte en delegado para recibir favores, levantar la mano con desgano, ir a reuniones, elaborar informes ni para ostentar un cargo público a la hora de hacer una cola. Un delegado del Poder Popular tiene más de sacerdote, si permiten el símil, que de político de oficio, de aquellos que antes se paraban en una tribuna “helada” a prometer y prometer, y ya sabemos que las promesas escritas sobre hielo se van como el agua entre los dedos.

Los hombres y las mujeres que asumirán el rol de representantes del pueblo en sus localidades no tuvieron que ofrecer nada a cambio de la confianza de la gente, pero cuando firmen mañana como miembros de las asambleas estarán contrayendo una deuda pagable solo desde la integridad. Sus casas, en lo adelante, ya no serán solo sus casas, sino las del resto de los vecinos que los esperarán para contarles sus inquietudes.

Sus años tendrán unos cuantos sábados de menos, porque los dedicarán, íntegramente, a discutir los problemas sin soluciones inmediatas; y, de mes en mes, irán a fiscalizar y exigir se cumpla el encargo estatal de propiciarle al pueblo oportunidades y satisfacción.

En honor a la verdad, si cada cual hiciera bien su trabajo y la chapuza no asomara su cara fea con tanta frecuencia, en cualquier ámbito, los delegados podrían salir del círculo vicioso calles-agua-basura-alumbrado-quejas en el que pareciera giran sin fin. Dedicarían más tiempo y esfuerzos a pensar en colectivo nuevas formas de convertir a los municipios en espacios de desarrollo y creatividad, sin esperar a que las iniciativas bajen y los presupuestos se estanquen.

Un delegado no es llevaitrae entre el pueblo y la administración, y, mucho menos, la última de las poleas transmisoras en el engranaje social. La toma de posesión de las Asambleas Municipales es apenas la formalidad de rigor que da cierre al proceso de elecciones primarias. Todo lo hecho hasta aquí es válido, únicamente, si a partir de mañana, cada representante investido del poder de sus conciudadanos critica, analiza, controla, propone; gobierna.


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