Mosaico de inquietudes y lo que no depende de terceros (+ Video)

La recuperación va dejando una traza que debe y puede ser más visible en el municipio avileño de Bolivia

De acuerdo con las estadísticas, casi seis meses después del demoledor paso del huracán Irma sobre la geografía boliviana, ese municipio, al norte de la provincia de Ciego de Ávila, solo ha podido solucionar 831 de las 2 589 afectaciones en viviendas.

Casa en construcción tras el paso del Huracán IrmaAunque rústicas o criollas, estas viviendas alivian la tensa situación en zonas como la de MuñizAl comentarlo, el rostro de Ana Rosa Burunate Santana, presidenta de la Asamblea Municipal del Poder Popular, no refleja  júbilo, aun cuando conoce el empeño que desde octubre han puesto ese territorio, la provincia y el país para aliviar la crítica situación en que el meteoro dejó a miles de familias, por lógica las más humildes.

Con probada capacidad para ponerse en el lugar de los demás, Ana siente cómo se le achica el pecho al ver el destrozo que continúa pegado, como fiebre que no baja, sobre esa zona, no menos perjudicada que otras del litoral norte cubano, aunque de ella no se haya hablado tanto, ni se haya avanzado más a tono con las urgencias.

“El golpe fue muy duro,  estamos hablando de 681 derrumbes totales de viviendas, más de 1 000 parciales de techo… Para que se tenga una idea: solo el asentamiento rural La 30 de Manga Larga requiere casi dos millones de pesos. Los perjuicios son muchos y los recursos limitados, por lo que debemos hacer el uso más óptimo, y justo posible, de ellos.

“Con esa intención, hasta la fecha hemos podido dar respuesta a 293 de los 363 derrumbes totales de techo y recuperar unos 365 parciales, pero no es suficiente.”

Para constatarlo no hay que irse, necesariamente, a lugares como Muñiz, a los bateyes del Consejo Popular de Miraflores o a Marbella. Basta recorrer la misma cabecera municipal, cuyo fondo habitacional, demacrado antes de octubre, muestra heridas que claman por sutura, incluida la ya también lacerada piel patrimonial.

Personas como el anciano Carlos Cancela, el expiloto Claudio Morejón o Daniuska Chacón, madre de dos niños, cuyas necesidades no escaparon a la visión de Invasor en reportajes anteriores, saben que ni el zinc o el fibroasfalto para techo, por la vía de comercio interior, ni las 3 875 planchas o tejas donadas por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, ni los más de 2 000 colchones que han llegado por diferentes vías o las casi 1 000 lonas, permiten la cobertura deseada.

ASUNTOS DE FONDO

Tiene que enfrentar Bolivia el predominio de un bajo poder adquisitivo entre sus habitantes, como consecuencia de la ausencia de fuentes productivas, sobre todo en infraestructuras industriales o de turismo, que generen ingresos como los que ha podido percibir la población en otros lugares.

Incluso, dentro de sectores como el agropecuario, no todo el mundo tiene la solvencia económica del joven ganadero Henry Valdés, quien no tuvo que esperar por nadie para adquirir, en la tienda correspondiente, los materiales que Irma le obligó a comprar.

Molino de piedrasIrma vuelve a recalcar la necesidad de producir localmente materiales para no depender de nadie

No es lo que predomina. “Mucha gente está esperando por subsidio”, afirma Ana Rosa. El listado da cuenta de casi 200 casos, pero el dinero no cae del cielo. Para fines del pasado año se habían entregado 28 y desde enero otros 17. Afortunadamente el municipio dispone ahora de 1,7 millones de pesos para ese fin, sujetos a un proceso de otorgamiento que al necesitado siempre le resulta agónicamente lento.

El otro punto neurálgico, sin excluir insatisfacciones de índole organizativa o subjetiva, parece estar en la insuficiente capacidad del territorio para producir los materiales que la situación demanda.

Lo que, a duras penas, se logra fabricar en lozas de canal, hexagonales, bloques y mosaicos para piso, no alcanza.
Para bien, molinos como el de Irel Pérez Muñoz suplen, en parte, la ausencia de esa infraestructura en el ámbito estatal, y trituran, a ritmo de 10 horas diarias o más, solo con destino a damnificados, la piedra de potrero que convierten en polvo salvador, frente al déficit de arena en vertientes como la construcción de pisos.

Tal vez donde más visible parezca el avance sea en la construcción de viviendas rústicas. El barrio de Muñiz lo demuestra. Levantadas con tabla de palma, techo de zinc o de guano y piso de cemento, más de una veintena de casas le imprimen al lugar una brisa que nada tiene en común con las derribadas por Irma.

Por eso los ojos de la joven Rosalía Martínez denotan gratitud. Su casita fue a tierra. “Tengo tres niños, el más pequeño sufre parálisis cerebral y es muy inquieto. Compañeros de la Forestal me fabrican esta casa, le falta poco, yo misma les ayudo en lo que puedo. Estoy loca por verla terminada.”

Cerca de allí, sin embargo, Conrado Montero Proenza, beneficiado también, reniega porque no sabe con qué alternativa terminarán su baño, además de que se ha cuarteado parte del piso, echado, por lo visto, con una sobredosis de cemento (algo poco común), en la cual él tuvo participación directa, según afirman representantes del sector forestal que intervienen en la recuperación del caserío.

SÍ Y NO

Obviamente, hay quienes sí han recibido ayuda, resuelto su problema parcial o totalmente, y quienes no pueden decir lo mismo.

Casa devastada por el huracán IrmaHay que ponerse, minuto a minuto, en el lugar de damnificados como la anciana Juana IreneA la septuagenaria Silvia Pérez Bicet, por ejemplo, Irma la dejó a cielo abierto y, para colmo, malechores se encargaron de “trasladarle hacia otro sitio”, para siempre, sus modestas pertenencias. Por eso agradece tanto la protección recibida en la sede de la Dirección Municipal de Deportes, donde el Estado le asignó un colchón, cama, toalla y dos sábanas, además de alimentación en el hogar para ancianos, subsidio y hasta un albañil que ya le levanta la nueva casa.

Lo mismo pudieran decir Rafael Fajardo, miembro de una brigada que saca tablas de palma para construir viviendas, Ángel Peña y Luis Mario García, en La 30 de Manga Larga o Carlos Marrero, de esa misma comunidad, quien, beneficiado con un nuevo techo, le donó planchas no dañadas, del anterior, a Rosa Basulto, como expresión de una variante alentada por Ramón Aldana, presidente del Consejo Popular y delegado de base, mediante la cual vecinos beneficiados por donación se han convertido en donantes.

También Invasor encuentra a personas como Marbeli Anchía, agradecida del nuevo techo, pero sin comprender bien por qué faltan un puñado de bloques para consolidar el soporte, el electrodo o las puntillas que, con igual propósito, requieren otros casos allí.

O escucha afirmar a Miriam Chala y a su esposo, ambos obreros agrícolas, que donde ellos viven, el caserío de Enriqueta, nadie les ha dado luz acerca de la solución del derrumbe total de su casita.

O imagina cómo estarán resolviendo su problema las ocho personas que en Buena Vista, han tenido que concentrarse en tan reducido espacio familiar, desde que Irma hizo pedazos esa vieja casa de la abuela Juana Irene Villanueva, que el transeúnte mira con verdadera lástima desde la carretera, rumbo a Morón.

Bolivia, en fin, es una especie de mosaico, en el que la recuperación va dejando una traza que debe y puede ser más visible. Voluntad política y gubernamental hay. Pero, sobre todo, necesidad social y familiar de que así ocurra.