Ciego de Ávila: Buenos pasos contra lo malo en La Cuba

Jamás nadie creó falsas expectativas. Desde que el huracán Irma descargó toda su ira sobre las plantaciones que con tanto trabajo habían levantado los trabajadores de la Empresa Agropecuaria La Cuba, se dijo, con total claridad, que la recuperación sería progresiva y que durante meses habría ausencia de aquellas producciones que, durante años, habían hecho acto de muy buena presencia en Ciego de Ávila  y en casi todas las provincias cubanas, con especial impacto en el turismo.

La renovada imagen que continúan mostrando esas áreas, habla, sin embargo, de dos elementos que, casi cinco meses después, no pueden ser ignorados. Por una parte, los favores de un clima que —si bien empieza a perjudicar, a ritmo de tanta lluvia— permitió rescatar en un tiempo increíblemente breve, la vitalidad de un manto freático en agonía.

A ello se suma la intensidad con que han trabajado los hombres y mujeres que llevan sobre sus hombros el peso productivo, generador de riquezas.

Carlos Blanco con una calabaza en la manoPastor Batista “Aunque las lluvias han afectado cultivos como el del frijol, seguimos sembrando todo lo que pueda aportarnos más producción” —afirma Carlos Blanco

“Esas dos cosas —opina Carlos Blanco Sánchez, director— han hecho posible la recuperación de todas nuestras áreas.”

Quienes conducen procesos allí, y también los trabajadores, coinciden en que fue muy acertado fomentar cultivos de ciclo corto, para lograr, en el más breve tiempo posible, cosechas que atenuasen un poco el vacío de producciones como el plátano (rey con soberana corona en la empresa), cuyos primeros volúmenes emergerían aproximadamente para el mes de mayo.

Gracias a esa estrategia, hoy se acopia calabaza, boniato, frijol, zanahoria, remolacha, maíz… aunque no en la cantidad que exige la demanda social, sobre todo en el hogar.

Y se continúa sembrando, tanto en las áreas estatales como en las atendidas por Cooperativas de Producción Agropecuaria asentadas en la zona.

José Alberto González Sánchez, por ejemplo, afirma que “hoy la CPA Paquito González está en una situación, comparativamente, mejor que antes del azote del huracán, porque con la recuperación del manto hemos podido aprovechar tierras que durante mucho tiempo no explotamos e incorporarlas al cultivo de boniato, yuca, calabaza y hasta plátano, con notable desarrollo ya este último, al no depender del agua que cae del cielo”.

Sembrado de papaPastor BatistaLa Cuba tiene gran peso en la campaña de la papaEl golpe fue duro, sí. Baste saber que cada mes desde La Cuba emprendían rumbo unas 300 toneladas de excelente banano, cuya ausencia ha obligado a realizar importaciones, sobre todo para responder a las exigencias de un turismo que comenta la diferencia, al paladar, entre aquel gustoso plátano avileño y el que, de forma coyuntural, ha sido necesario traer de otras partes del país o del exterior.

CORTAR DE CUAJO EL SINSABOR

Por eso se hace indispensable cortar de cuajo una tendencia, mucho más nociva que la sequía, que el exceso de humedad o que enfermedades como la sigatoka: el robo impune.

Tal vez la más reciente evidencia está en los 59 racimos de plátano que manos inescrupulosas cortaron (¿acaso alguien imagina que para satisfacer la necesidad dentro de un hogar?), con la anuencia de dos sujetos cuya misión era —porque fueron separados— justamente todo lo contrario: estar alerta, evitar robo, proteger los recursos de la economía, del Estado, del pueblo.

No es la primera vez que sucede. Con frecuencia son detectados ciudadanos que, en vehículos de tracción animal, o en otros medios de transporte, cargan a mano amplia, para revender, lucrar, hacer dinero fácil, sin que luego haya una medida en verdadera correspondencia con la gravedad de ese problema que, en esencia, crea fisuras, llagas contra la Revolución.

La impunidad, esa que desde hace años llamó a extirpar el General de Ejército Raúl Castro Ruz (entonces Segundo Secretario del Comité Central del Partido y Ministro de Las FAR) a nada bueno conlleva.

De ahí, lo atinado que sí resultaría actuar, de una vez, conforme a la ley. A la ley con sentido dialéctico, con sentido de un momento histórico y concreto como este, en el que se torna inconcebible la ausencia de un juicio o proceso ejemplarizante, con sanciones justas, a la medida de los hechos, de conocimiento público, como pide, con todo derecho, la población.

Sería, por demás, una buena manera de respetar y considerar el modo en que sudan la camisa el joven Ismelvi Zamora Rojas y todos los obreros que, día por día, clavan la bota en el surco para que la tierra dé luz dentro de las ollas y estómagos de todos, en particular de quienes dependen de un modesto salario, cada vez más insuficiente frente al revuelo que remontan determinados productos.

Demasiado perjuicio causó la extensa sequía, luego el huracán Irma, más recientemente —y todavía— las precipitaciones (con perjuicios sobre unas 900 hectáreas de frijol, por solo mencionar un cultivo), e incluso el éxodo de mano de obra hacia sector privado (con mejor remuneración, por ahora) para que, además, haya quienes roben, con total tranquilidad, lo que se logra producir.

Pero volviendo al inicio: nadie se confunda, nadie se desanime. La Cuba sigue en alza. Y junto a ella otras empresas, acerca de las cuales, también sin falsas expectativas, Invasor ofrecerá detalles en próximos espacios.