Domingo, 18 de noviembre de 2018 3:37 PM

¿Por qué desfilamos? (+Post)

Desde la noche anterior mamá le colocó el pulóver junto a la cama y el cosquilleo en el estómago cuando algo emocionante está por ocurrir no lo dejó dormir bien. Sabía que la mañana sería especial porque desde hace días le explican que, la gente grande se reúne para celebrar, pero en qué términos puede entender un niño sobre proletariados, derechos laborales y marcha del pueblo unido.

Lo más acertado fue sintetizar aquel desvelo consciente en la palabra fiesta y responder de forma negativa a la pregunta de si habría piñata o tesoros escondidos. Bien entendió que habría quien tiraría un pasillo a golpe de conga y que un mar de banderas inundaría la ciudad, pues si algo debería ser mostrado es la dignidad de pertenecer a esta tierra.

Entonces, el pequeño tomó un mazo de colores e intentó grabar letras en un trozo de cartón al que llenó de fotos de su otro abuelo: Fidel. Le pidió a la madre que se pintara los labios con el creyón más rojo y estampara un beso al ¡Viva Cuba! que en trazos legibles se podía distinguir.

La curiosidad le incitó a saber por qué las personas caminan tanto el 1ro. de Mayo, y el joven padre, acostumbrado a buscarle explicación a todo lo que el niño en la edad de las preguntas no entiende, le dijo que esa caminata era una marcha, capaz de convocar a miles de cubanos, mientras en otros lugares del mundo, a quien exige por sus derechos como trabajador se le golpea y encarcela para echarle en cara su falta de voz.

Comprender no le fue difícil, pero, por si acaso, le contaron sobre aquellos tiempos en los que falsas predicciones avizoraban el fin del mundo, por el año 2000, y en Cuba, más que extinguirse la vida, cualquier día era el tiempo para exigir el regreso del niño Elián o demostrarle a todos el firme deseo de los cubanos de volver a ver en la Patria a sus Cinco Héroes ausentes.

No fue necesaria una palabra más. Hilo y aguja se unen para entallarle al cuerpo del niño la pieza roja con que irá a desfilar, aunque prefirió mantener el ancho de su orgullo, pues bien le enseñaron que nada carcome más el alma que la estrechez de sentimientos.

Imploró, casi en susurro, por el insomnio de otros pequeños aquella noche. Era su primer desfile y esperaba encontrarse con amigos de la escuela, con los profesores, con el vecino que vende pizzas al doblar de la esquina, con la mujer de la Terminal de Ómnibus, a la que siempre escucha por el audio cuando va a viajar, o con el señor que riega las plantas en el bulevar.

Posted by Betty Oria González on Wednesday, April 25, 2018

Incluso él, que aún estudia y no acepta el cambio de una de sus tardes de juego a las bolas por la jornada laboral, cree en la fidelidad de quienes asistan al encuentro, eso se lo vienen recalcando desde que tiene uso de razón.

Pocos minutos faltan para la hora cero y el por qué desfilamos salido de sus labios hace que la madre mire al niño como quien dice ¡Otra vez! Y el padre, que es más paciente, le resume: “por unidad, compromiso, por la victoria y por abuelito Fidel”.


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