Viernes, 21 de septiembre de 2018 11:49 AM

Con mayo en el recuerdo

“Sí se conmemoraba el Primero de Mayo, aunque no como se hace ahora”, recuerda René Salas Inerarity, veterano dirigente sindical en Ciego de Ávila.

La tradicional fiesta proletaria del Primero de Mayo le trae muchos recuerdos. Tiempos atrás le correspondió organizar algunas de estas conmemoraciones, incluida la primera con las tres regiones: Ciego de Ávila, Morón y Chambas, que conformarían la futura provincia avileña.

Lo encuentro entre una montaña de añejos papeles, fotos, periódicos… El saludo es efusivo, como es costumbre en él. Su rostro de ébano se abre en una amplia sonrisa cuando muestra la edición del periódico Adelante  del 30 de abril de 1977 que, en su primera plana despliega una gráfica  con un titular a todo ancho: Desfilan más de 40 000 personas en el acto por el Primero de Mayo en Ciego de Ávila.

“Imagínate, fue la consumación de muchas jornadas de chequeos, preparativos, reuniones, puntualización de tareas. Yo era miembro del Comité Provincial de la CTC en el gran Camagüey y primer secretario en la central obrera de la región avileña; y formaba parte de la comisión encargada de revitalizar la estructura del movimiento sindical aquí.

“Para mí será inolvidable, pues fue el primero luego de la realización del I Congreso del Partido, del primer plan quinquenal y el iniciador de la celebración de esa efeméride del proletariado mundial en la futura provincia.”

A René Salas Inerarity, con ocho décadas de fructífera existencia, y jubilado, aunque continúa aportando como activista, se le hace imposible mencionar, por lo que influyeron en su formación política, ideológica y laboral y en la de sus tres hermanos, sus progenitores Agapito Salar Abréu y Narcisa Inerarity Amaro, dirigente sindical y obrero industrial azucarero él; y ella, despalilladora; ambos militantes, primero del Partido Comunista y luego, del Socialista Popular.

“Yo tendría unos nueve o 10 años y veía cómo en mi casa se celebraban reuniones clandestinas y otras actividades. Por ese nivel de comprometimiento, mis viejos tuvieron que salir huyendo de mi natal Camajuaní cuando yo tenía dos años, y recalar aquí en Ciego de Ávila. Por eso es que soy de aquel pueblito villaclareño e Hijo Adoptivo y Distinguido de la geografía avileña.

“A ambos y a otros de sus camaradas los escuché varias veces hablar de algunos líderes revolucionarios, políticos y sindicales, entre otros de Blas Roca, Lázaro Peña, Jesús Menéndez, Juan Marinello. Pasando el tiempo tuve el privilegio de conocer a algunos de ellos. Sus ejemplos me marcaron para siempre.”

Le pido que recuerde momentos de aquellas celebraciones en el capitalismo: “En casa se hacía propaganda y mi papá junto a otros compañeros, construían carrozas y muñecotes. Estos últimos anunciaban el triunfo de la extinta Unión Soviética contra el fascismo, pues les colocaban letreros con las palabras Victoria Popular.

“Sí se conmemoraba el Primero de Mayo, aunque no como se hace ahora. Los escuchaba comentar que desfilarían en pequeños grupos y que pedirían varias reivindicaciones, como la jornada de ocho horas, el cese de la discriminación racial, y que abogarían por la unidad. También los escuché comentar sobre la fortaleza de otras agrupaciones sindicales como los piñeros, los constructores, los telefónicos, entre otras; y la forma en que la Guardia Rural los disolvía antes de llegar al parque José Martí.”

El veterano dirigente trajo a colación el papel que jugó el Partido Socialista Popular en la educación de la clase obrera; pues sus militantes eran personas muy respetuosas.

Luego del Triunfo de la Revolución Salas participó en la organización de los soldadores, trabajo que desempeñaba, en dos talleres: el de Los Villalobos y en el Ramón Blanco, con el fin de afiliarlos a la Unión de Soldadores de Cuba, con sede en Camagüey.

Dada su integración al proceso revolucionario René ocupó varias responsabilidades, tanto de índole administrativo como sindical. “Estuve siete años al frente de la CTC en la región de Ciego de Ávila y, además, encabecé la Comisión organizadora de la central obrera en la provincia.

“En esos años organicé, junto a mi equipo de dirección varios de los actos por el Primero de Mayo, todos fueron masivos, vistosos, lucidos, alegres y combativos. Al establecerse la División Político–Administrativa, fungí como primer secretario de la CTC en la provincia durante poco más de un año.

“En el ‘78 se decidió por el país que yo partiera para la República Popular de Angola al frente de un grupo de sindicalistas, para asesorar al movimiento sindical y participar en la constitución de los diferentes sindicatos. Allí tuve la oportunidad, junto a mis compañeros, de organizar dos actos conmemorativos del Primero de Mayo.

“Cumplida esa primera misión, tuve que regresar a la patria de Agosthino Neto, en esta oportunidad, como segundo jefe de la misión civil en Huambo. Al retornar, trabajé como segundo secretario del Comité Municipal del Partido; a la vez que integré el Comité Provincial.”

La fiesta de los obreros del mundo no se le va de su mente. Lo invito a que caracteriza las que se realizan en la actualidad. “En la Cuba revolucionaria cada Primero de Mayo, además de generar un elevado nivel de metas productivas, motiva el engalanamiento de los centros laborales y otras instituciones.

“Los desfiles evidencian la alegría y el comprometimiento de la clase obrera en el poder, su apoyo incondicional a la consolidación del proyecto social que defendemos, y son marco idóneo para ratificar la solidaridad con otros pueblos del mundo; saludan la fecha con el cumplimiento de importantes tareas; nadie solicita nada para sí, sino que les digan qué más hacer.”

La experiencia acumulada la transmite en la exhortación a las nuevas generaciones: “Toca al movimiento sindical y a los trabajadores incrementar la producción, la productividad, el ahorro y la disciplina, y apoyar incondicionalmente al nuevo gobierno y a los cambios que se originen.”

René Salas afirma sentirse realizado; siente orgullo de sus cuatro hijos, todos profesionales. Aunque jubilado, sigue aportando a su patria; cuida su salud y junto a su esposa Gricel organiza recuerdos, revisa su libro inédito sobre la ayuda brindada a la constitución de los sindicatos angoleños: de vez en vez le consultan aspectos relacionados con la huelga azucarera de 1955, la del 9 de Abril de 1958, y también sobre la muerte de Raúl Cervantes.

Tiende la vista hacia donde están las fotos en que aparece junto a Fidel, o a la que atestigua la condecoración impuesta por el presidente angoleño José Eduardo Dos Santos.

El diálogo concluye. Al apretón fuerte lo acompaña una sentencia–mensaje: “Escuchar a los trabajadores, respetarlos y representarlos es mi mejor escuela, mi mayor orgullo. Claro, es desfile no esperará por mí. Allí estaré.”


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