A 129 años de las celebraciones

La celebración por el Día Internacional de los Trabajadores adquiere en el mundo los más variados matices y colores; sin dejar de reconocer, que en la mayoría de los lugares se utiliza para reivindicar los derechos laborales.

En la localidad inglesa de Hastings, los asistentes al desfile, se visten de verde para celebrar un característico desfile en el que las hojas, las flores y otros elementos vegetales toman el protagonismo con la intención de dar la bienvenida al verano y adornar las vestimentas de los participantes. Fiesta dedicada a la diosa Flora.

Los fineses reciben a la primavera con sombreros como sinónimo de las gorras de graduación, en ocasión de las festividades más populares del país, el Vappu. Y, así se suceden otras y otras manifestaciones.

He investigado en este simbolismo, tras haber desfilado por la calles de nuestra ciudad de Ciego de Ávila en la región central de Cuba; donde la población en mayoría sale de casa en la ocasión para vivir una jornada de asueto; lejos de aquel ambiente de demandas que han hecho trascender la fecha.

Recordar que el Primero de Mayo, tomó vida hace 129 años (por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional), tomando como punto de partida las revueltas obreras ocurridas en la ciudad norteamericana de Chicago 1886, en las cuales los obreros, considerados anarquistas en aquel entonces, reclamaban la adopción de jornadas laborales de solo ocho horas; un viejo anhelo ante el cual el naciente imperialismo no pretendía ceder.

Entre quienes sembraron la semilla, fueron sancionados ocho hombres. Tres condenados a prisión y cinco llevados a la horca, rememorados en nuestros días como los Mártires de Chicago.

¿Cuál fue el postrer criterio de cuatro de los Mártires?

Adolf Fischer (alemán, 30 años, periodista): “Solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponen, porque no he cometido crimen alguno... pero si he de ser ahorcado por profesar mis ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo inconveniente. Lo digo bien alto: dispongan de mi vida.”

Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista. Se probó que no estuvo presente en el lugar, se entregó para estar con sus compañeros y fue juzgado igualmente): “El principio fundamental de la anarquía es la abolición del salario y la sustitución del actual sistema industrial y autoritario por un sistema de libre cooperación universal, el único que puede resolver el conflicto que se prepara. La sociedad actual sólo vive por medio de la represión, y nosotros hemos aconsejado una revolución social de los trabajadores contra este sistema de fuerza. Si voy a ser ahorcado por mis ideas anarquistas, está bien: mátenme.”

August Vincent Theodore Spies (alemán, 31 años, periodista): “Honorable juez, mi defensa es su propia acusación, mis pretendidos crímenes son su historia. [...] Puede sentenciarme, pero al menos que se sepa que en el estado de Illinois ocho hombres fueron sentenciados por no perder la fe en el último triunfo de la libertad y la justicia.”

Louis Lingg (alemán, 22 años, carpintero. Para no ser ejecutado se suicidó en su propia celda): “No, no es por un crimen por lo que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se ha dicho en todos los tonos: nos condenan a muerte por la anarquía, y puesto que se nos condena por nuestros principios, yo grito bien fuerte: ¡soy anarquista! Los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad. ¡Ahórquenme!”