Las arrobas extra del Che en Ciego de Ávila

Che en Ciego de Ávila Archivo El 4 de febrero de 1963, en la colonia La Norma, perteneciente al actual municipio de Ciro Redondo, se vivían instantes de excepción. La tranquilidad del batey cañero se transmutó en polo de continua acción: allí se había establecido el Centro Nacional de Experimentación de las primeras cortadoras y alzadoras de caña mecánicas.

Para la Revolución triunfante, una de las preocupaciones eran los cientos de miles de macheteros que ya iban demandando las Zafras del Pueblo, vitales para la economía de Cuba.

El comandante Ernesto Guevara, entonces al frente del Ministerio de Industrias, entre otras tareas, laboraba con el apoyo de un equipo multidisciplinario en la búsqueda de una solución.

Había visitado la región avileña dos años antes, cuando, en el central Venezuela, conoció la marcha de las adaptaciones y modificaciones que hacían en el taller de pailería del ingenio a tres prototipos de cortadoras cañeras llegadas de forma no oficial; además de probar, en seco, una máquina alzadora continua.

Urgía la humanización. Baste señalar que, según datos del investigador y Maestro de Azúcar Miguel Lima Villar, las Zafras del Pueblo del Camagüey requerían de unos 60 000 macheteros voluntarios, procedentes de distintos puntos de la geografía cubana.

El 31 de diciembre de 1962, regresa a Ciego de Ávila. Ese día, el Ministro de Industrias recorrió varios enclaves de los centrales Patria o Muerte, Ciro Redondo y Venezuela, con el objetivo de comprobar in situ, el avance de los trabajos.

El 3 de febrero de 1963 la tierra avileña lo acoge de nuevo, esta vez, el central Ciro Redondo. Al día siguiente, como conductor de una cortadora mecánica rudimentaria, en las plantaciones cercanas a La Norma, iniciaba la mecanización cañera en la Isla.

Fueron 17 días de duras faenas, continuos desperfectos y roturas de las máquinas, de ajustes, tensiones y reuniones de trabajo. A golpe de voluntad, en lucha contra el asma, el Che iba y venía por los surcos, dominando aquel “caballo de hierro”. La última jornada fue en la colonia Dolores, en la cual mandó para la tonga unas 20 000 arrobas. En total, sumó 137 000.

Así, el Ministro-operador dio cumplimiento al compromiso que había hecho en una plenaria de emulación del sindicato Azucarero en la Ciudad de los Tinajones, de “no irme de la provincia sin haber derribado más de 100 000 arrobas.”

En La Norma se erigió, con el tiempo, una especie de monumento para perpetuar el aporte del Che y los hombres y mujeres que integraron aquel equipo de soñadores. Pero la instalación se fue deteriorando hasta colapsar.

Hoy, el monumento en homenaje al Guerrillero Heroico y a los pioneros de la mecanización de las rudas faenas del corte y alza manuales de la caña viste mejores galas, gracias a la reconstrucción y remozamiento logrados. Hermoso escenario, sin duda, para recordar el aniversario 55 de la efeméride y el nacimiento, también, del Día de la Mecanización Cañera en Cuba.