Jueves, 18 de octubre de 2018 8:33 AM

El Che en el comedor de Chachín

Imagen actual del otrora comedor de Chachín

La edificación fue construida por la administración del central Stewart en la década del '40, del pasado siglo, con la finalidad de brindar servicios gastronómicos a los funcionarios y técnicos que visitaban el ingenio en funciones de trabajo, mientras los superintendentes de la compañía azucarera norteamericana eran atendidos en la casa del administrador, un verdadero palacete.

Después se arrendó el inmueble a varias personas para su explotación como restaurante, entre ellas al de más recordación en la comunidad, Rafael Cepero Gueitisolo, al que casi nadie conocía o llamaba por su nombre de pila, sino, sencillamente, por Chachín, mulato jovial, conocedor del arte culinario y poseedor de un criollismo nato.

Inventaba nombres e historias para los platos acompañados por fantasías surgidas de su intelecto. Tal fue el caso, por ejemplo, de los “toritos en banderilla” que no eran más que boniatos hervidos cubiertos con algún aderezo como adorno que resaltaba a la vista del comensal y a los que en su parte superior les colocaba sendos palillos semejantes a las banderillas que se les inserta a los toros durante las corridas o encierros.

Asimismo fue de su autoría el arroz frito Chachín, el plato por excelencia del establecimiento que dada sus características de elaboración, sabor y presentación, era el preferido por los clientes. Como los ejemplos anteriores existieron otras graciosas ofertas.

Con una filosofía ocurrente y creativa, andar pausado con cierto desnivel debido a una afectación física en una de sus piernas y peculiar tono de voz, Rafael Cepero era afectuoso con las personas, amigo y compañero e hizo época en el batey del ingenio; su fama creció cuando logró, tras amplia campaña publicitaria y gestiones personales, que el famoso equipo de béisbol Cubans Sugar Kings almorzara en su establecimiento en 1958, mientras se presentaba en el estadio de la localidad en juego de exhibición.

Después de 1959 fue un fiel defensor de la Revolución, participaba en jornadas de corte de caña y otros trabajos voluntarios, siempre muy vinculado al movimiento sindical. Gustaba del arte de declamar y lo hacía con gracia y profesionalidad en los actos culturales y en las giras a los campamentos de movilizados.

El restaurante palió las necesidades de alimentación de casi todos los dirigentes revolucionarios de la localidad y los que visitaban el territorio. Vale destacar que muchos de ellos no tenían dinero por el bajo salario que recibían para pagar lo consumido durante el mes, pero Chachín les continuaba sirviendo hasta que pudieran saldar las deudas, gentileza que casi le lleva a la quiebra.

Numerosas personalidades visitaron el lugar, entre ellas afamados artistas, deportistas, dirigentes nacionales del Movimiento Obrero como Lázaro Peña, Ursinio Rojas, Conrado Bécquer, Isidoro Salas, Agapito Figueroa, Luis Martel Rosas, así como altos dirigentes políticos y del Gobierno, entre ellos ministros y viceministros. Pero sin dudas la presencia del comandante Ernesto Che Guevara marcó pautas en 1961, en los momentos en que iniciaba en su condición de Ministro de Industrias el proceso de la mecanización cañera en Cuba.

Allí el Che almorzó después de una larga jornada de trabajo y se sucedieron hechos que guarda la memoria local, en algún momento distorsionados. Resulta que las organizaciones del territorio al conocer que el Ministro almorzaría en el lugar, lograron que se abasteciera de todo lo necesario y le indicaron al dueño que hiciera una excelente comida. Y, efectivamente cuando el Comandante, sensiblemente agotado después de la fatigosa labor se sentó a la mesa, ya en horas avanzadas de la tarde, le sirvieron una suculenta fuente con bistecs cubiertos con cebolla, arroz con gris, tostones y otros productos, incluido postre.

Cuando el Che preguntó si eso era lo que comían los obreros del central y escuchó una respuesta negativa ordenó irascible: «Retiren todo esto inmediatamente.»

Y se levantó de la mesa con ánimo de retirarse, mas antes mandó a buscar a Chachín que se encontraba en la cocina y le dijo que si no tenía carne rusa en lata.

Al conocer de la existencia del producto, le sugirió que si se la podía preparar, pero con una condición, si alcanzaba para todos los que le acompañaban. Chachín asintió e inmediatamente puso manos a la obra y a los pocos minutos los visitantes degustaban una bien condimentada carne rusa estofada. Al terminar el almuerzo el Che le dijo: «Te ha quedado excelente. Te felicito. Dime lo que tú no has hecho nunca en la vida» y este le respondió: «Comandante, montar en avión.»

El Guerrillero Heroico se dirigió al capitán Duque Estrada y le dijo: «Ya escuchaste, cuando vuelvas monta a Chachín en la avioneta y dale unas vueltas por la ciudad», lo que se cumplió rigurosamente tiempo más tarde. Y aquí ocurrió una anécdota muy pintoresca.

Resulta que nuestro personaje, al escuchar la orden del Che, al otro día partió para Ciego de Ávila y se dirigió a una imprenta donde mandó a imprimir miles de volantes. Cuando llegó el día del paseo aéreo, le dijo al piloto que volara por los cielos del centro de la ciudad de Ciego de Ávila y del batey del ingenio, y cuando se encontraban en los referidos puntos comenzó a lanzar los impresos desde el aire en los que se podía leer: “Chachín Comedor desde el aire, pero con los pies en la tierra. Visítenos.”

Así eran sus ocurrencias.

Cuando en 1968 se realizó la llamada Ofensiva Revolucionaria y llegaron los funcionarios para intervenir el establecimiento, estos quedaron atónitos porque Chachín los recibió con la frase: Patria o Muerte. Venceremos. A partir de aquel momento el restaurante continuó durante algunos años más bajo la dirección de Chachín, hasta que el edificio fue ocupado por el taller de instrumentación del central, dejando de cumplir su función.

En años recientes volvió a recuperarse la instalación para restaurante, siendo en la actualidad uno de los de mejor servicio en el municipio y el de mayor historia y aportes a la cultura local, manteniendo el nombre del peculiar personaje que hizo época y que tuvo el privilegio y honor de atender en su comedor al Guerrillero Heroico.


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