Domingo, 19 de mayo de 2019 6:44 PM

Che: semilla que se regó

Che Ya no es ni argentino ni es cubano. Es un hombre universal. Lo mismo porta su imagen un asiático que un africano; lo mismo lo ves en París, que en Ámsterdam, o en cualquier lugar de Estados Unidos. Lo ves en las manifestaciones, en grandes fotos, y lo traen los chicos en las ropas, en sus tatuajes, etc.

Fue precisamente Fidel quien lo denominó “como un rayo a seguir, como un sendero vivo” y, a partir de ahí, todo el mundo sueña parecérsele. Fue también Chávez quien diría que “se desparramó cual lluvia por estas tierras. Nos empapó y aquí lo cargamos hoy, hoy vive en nosotros.”

Tarea difícil es ser como él, más en estos tiempos, en los que, como dijera ese gran hombre, “los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesarios para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales”.

Hereje por naturaleza, crítico, hombre de acción, referente universal... Nunca dejó de pensar y actuar frente a cada uno de los desafíos, porque sabía que no existía una fórmula ni recetas para llevar adelante una revolución verdadera.

Tenía mucha razón cuando expresó que “(...) no se trata solamente de deficiencias en cuanto a los instrumentos, o los comportamientos, de los encargados de las instituciones y las tareas de la Revolución”; pensar y actuar es un deber y derecho de todos.

Debemos reconocer que ese hombre, el Che, es mucho más que un guerrillero heroico. En cada uno de nosotros hay uno como él: pensador, reflexivo, de pensamiento crítico, analítico y propulsor de un modelo económico transformador...

No se puede tener miedo a examinarnos a fondo y criticar nuestros errores o debilidades.

Debemos trabajar y crear, con método y entusiasmo. Debemos ir ganando en una institucionalidad revolucionaria, garantía de los avances del proceso y de los derechos individuales y sociales, y enemiga jurada de la burocratización, retomando sus premisas.

El riesgo está y estará en que no le demos al Che el lugar de un ser abstracto, ajeno y muy superior, sino que utilicemos sus colosales valores de símbolo y ejemplo.

Cuando digamos que el Che vive, no hagamos alarde de retórica; no, el Che está allí en los barrios, en los médicos cubanos. Vive en África, vive entre nosotros, vive en Bolivia, no solo en nuestro decir. Ya lo dijo el poeta cubano Nicolás Guillén. que no porque hubiese caído su luz es menos alta.

De la misma forma, fue Chávez, el 14 de octubre de 2007, en Santa Clara, quien sentenció en la cima al Guerrillero Heroico, cuando apuntó: “es en la acción revolucionaria, como ejemplo que se dispersó, semilla que se regó. ¡Viva el Che!”.

Fíjese si es así, que de sus asesinos ninguno ha quedado en la memoria y, en cambio, el Che, ¡mire cuántas personas tiene movilizadas en el mundo entero!


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