Un señor muy viejo…

Un Señor muy viejo con unas alas enormes es un cuento escrito en 1968 por el colombiano Gabriel García Márquez. Muy cercano el título a lo vivido por María Esther López Guardarrama desde que, en 2014, escribió a esta sección, por lo añejo del asunto y por las enormes alas que ha usado la “solución” para hacer acto de presencia. Entre comillas para otorgarle a “solución” la categoría de sinónimo con “responsables”.

Y alega: “(…) hoy con situaciones más agravantes aún sin darle terminación y con un stock de recursos desde junio de 2017, dentro de la vivienda, entre ellos cemento ya echado a perder que, según los compañeros de la Agrupación 014 era para la fundición de la escalera de acceso al segundo nivel y el piso, al igual que aproximadamente dos y medio metros cuadrados de poliespuma, que no cuenta con malla de acero desde julio de 2017.

“Esta cubierta lleva fundida hace tres años; el 17 de julio de 2017 se reunieron todos los factores en análisis, donde se le orienta al compañero Asael que diera solución a esta situación. (…). Estaban presentes Alexis, director de la 014, José Luis, jefe del Departamento Técnico de la Dirección Municipal de la Vivienda (DMV); Mildrey, técnico de la 014, Roberto, técnico de la DMV; y otros compañeros más.”

María Esther, residente en calle Serafín Sánchez No. 194-10 (Interior), entre José María Agramonte y Simón Reyes, en Ciego de Ávila, explica: “Comenzaron a justificar todo con la sede del 26 de Julio en Morón, después vacaciones masivas en agosto (…) pasado un mes viene el compañero Alexis (…) y me dice que no se podía comenzar por no haber proyecto ni plano de mi vivienda (…) Yo pregunto por cuál plano o proyecto se realizaron las acciones constructivas en aquel momento en mi vivienda. Y a los materiales cómo se les dio salida, incluyendo los que se están perdiendo almacenados dentro de mi casa (…) ahora no me incluyen en el plan de este año por cuestiones relacionadas con Irma. (…) Estoy cansada de que me estén peloteando, manipulando (…) me siento molesta, pues guardo una certificación de obra ‘Vivienda terminada desde 2015.’”

Entre tantas acciones que aún necesita la vivienda de la remitente ella destaca “la demolición de las cubiertas, la fundición de la escalera, poner el piso e instalar la red sanitaria en el segundo nivel”; en tanto refiere que “hace cuatro años hicieron una cisterna que no tiene entrada de agua porque no han podido picar la calle y permanece con una tapa de zinc (…) al igual sucede con la turbina que se está echando a perder instalada sin poder usarse; con los tanques sucede otro tanto, están tirados encima de un techo porque tampoco los han podido instalar (…). ¿Qué hace más daño a la economía, picar un pedazo de la calle para conectar la entrada de agua a la cisterna o casi una tonelada de cemento echada a perder almacenada dentro de mi casa?”

En uno de los últimos párrafos añade: “El plano que el director de la Agrupación 014 estaba pidiendo, desde finales de septiembre o inicio de octubre fue entregado (…).”

De que el caso es muy serio no caben dudas. De que es muy viejo, tampoco. Lo ilustra su publicación en esta sección el 4 de abril de 2014 con el título Fuera de plan; el 25 de febrero de 2017, Preguntas y respuestas; y luego Entre la ética y el cubaneo, con fecha 15 de abril de 2017, en los dos últimos casos contestaciones firmadas por la DMV en las cuales se afirmaba que se le daría solución. Promesa incumplida que da cuenta de lo enorme de las alas de la inconformidad que hoy manifiesta la remitente.