Sordos de música

El mítico líder de la banda irlandesa de rock U2, Bono, ofrece una visión de la música con un enfoque más bien social cuando expresa: “(…) puede cambiar el mundo porque pueden cambiar las personas”. El escritor y poeta danés, famoso por sus cuentos para niños, Hans Christian Andersen, enfatiza su poder expresivo a través de la frase: “Donde las palabras fallan, la música habla”. Y ambos tienen razón.

Sin embargo, cuando algunos ignoran el efecto nocivo que poseen melodías y armonías usadas, o amplificadas a niveles extremos, superiores a lo permisible para el oído humano, aparece lo que describe en su carta Silvio Miguel Rodríguez, residente en el edificio 15, Apartamento 5, reparto Carrazana, en la Ciudad del Gallo.

“No estamos en carnavales en Morón. (…) esto ocurre una vez al año y es soportable (…). Los sábados y los domingos comienza la música por la tarde. Hacen un receso y regresa después de las 10:00 pasado meridiano hasta las 2:00 antemeridiano. Esta "discoteca" radica al lado de la piscina del Hotel Morón.

“Es tanta la bulla sonora que un hombre desaforado, a gritos, (no se entiende lo que habla) convoca a bailar y a gozar. A continuación ponen una sirena como si existiera un fuego. Toda esta música penetra en las casas del reparto sin pedir permiso. (…) Lo difícil de entender es que este hotel tiene otra discoteca, bajo techo, en la parte trasera. Allí la música y la bulla no se escuchan fuera debido a las características del local.

“Actualmente reparan La Taberna, un lugar de esparcimiento para todas las edades. Cuando funciona, también los fines de semana, en una instalación montada en medio de la calle 10, pero dirigida hacia El Vaquerito, desde la entrada del Parque de Diversiones, tiene a otro hombre desaforado (…) que comienza a gritos, seguido de una sirena de bomberos.

“A veces coinciden en horarios la discoteca del Hotel Morón, al lado de la piscina, con esta otra discoteca al aire libre”. Para colmo de males manifiesta: “Para valorar la intromisión de estas ‘discos’ escuchamos, a lo lejos, (bastante lejos por cierto) la que se pone en la Plaza de la Victoria cuando nos visitan artistas de La Habana u orquestas como la Charanga Habanera. Por suerte, esta locura sonora termina después de las 2:00 am.”

Y, para dejar clara su intención, concluye su misiva: “El propósito de esta denuncia no es solicitar que quiten estas discotecas al aire libre, sino que bajen los decibeles y nos permitan vivir con tranquilidad en nuestros hogares”.

A lo que este redactor suma: Similar reclamo al que, desde hace mucho tiempo han hecho los vecinos del reparto Vista Alegre, en Ciego de Ávila, en tanto desde la pista Indercito les apagan la audición y el sosiego, que buscan dentro de sus hogares, cuando encienden los equipos de audio.

Cediendo la palabra a las autoridades del Poder Popular en Morón, y sin la intención pesimista que manifiestan algunos, incluso antes de hacer uso de su derecho de reclamación, termino hurtándole un párrafo a la colega Sayli Sosa Barceló en su comentario publicado en fecha reciente bajo el título de Incivilidad: “Fanáticos de los eufemismos como solemos ser, llevamos tiempo llamando indisciplinas sociales a estas y otras manifestaciones, pero en realidad de lo que se trata, y hacia dónde vamos es camino a la incivilidad”. Ojalá en Morón no sea así.