Jueves, 18 de octubre de 2018 11:59 AM

Lo fácil y lo difícil

A veces la vida no es tan enredada, pero los seres humanos, en cuestiones de segundos, hacemos difícil lo fácil, y complicado lo sencillo. Es, al parecer, lo que le sucedió, el día 31 de agosto, en horas de la mañana, en el Policlínico Norte de Ciego de Ávila, a Marielvys Rosa Díaz, vecina de Pasaje Carlos Rodríguez, No. 153, entre Onelio Hernández y Arnaldo Ramírez, en la ciudad cabecera.

Cuenta en su misiva haber quedado muy “decepcionada con respecto a la ética médica de un doctor (…) en la Consulta No. Uno de dicho lugar. Yo necesitaba una orden de análisis de heces fecales para mi niño de dos años, para descartar que tenga ameba; y él se negó rotundamente, ni me permitió terminar de hablar, me sacó de su consulta llamando a otro paciente.

“Ni siquiera escuchó mis razones, a pesar de que intenté explicarle; se hizo el desentendido, diciéndome que eso me lo daban en mi consultorio. Ya iban a dejar de recoger análisis; en fin, no pude hacerle nada.

“Yo me pregunto, si mi consultorio abre a las 8:30 o 9:00 antemeridiano y la pediatra me dice la noche anterior que, si podía hacérselo, mucho mejor, porque venía el fin de semana y no tengo donde más buscarlos, qué puedo hacer.

“Me dolió mucho su actitud, y que no fuera capaz de condolerse de un nené. ¿Acaso a los que vienen enfermos él los manda para sus consultorios para que les indiquen exámenes allá?”

Alega la remitente: “Mi genio era tanto, que ni siquiera se me ocurrió ir a la Administración, me fui, porque simplemente no podía entender por qué algo tan simple se volvía tan complicado (…).”

Contado así, tampoco lo entiende este redactor y, con certeza, la mayoría de los lectores de Invasor desaprobará esa actitud. Confiemos que la respuesta de la dirección de la institución médica tenga otro matiz.

Y un segundo caso que alguien, con una mala respuesta, también hizo difícil, es el de Emilia Natalia Hernández, de 82 años, residente en calle Cuba, entre 4 y 5, No. 522, reparto Vista Alegre, Ciego de Ávila: “En fecha 20 de diciembre de 2016 recibí un subsidio por 85 000.00 pesos para la construcción de mi vivienda, para entonces en estado precario. Una edificación de solo 25 metros cuadrados. Ya fueron levantadas las paredes y colocados la cubierta y el piso.

“Por mi edad y estado de salud, tengo hecho un Poder ante Notaría, a nombre de Felipe Gómez, quien, cada semana, visita la tienda de materiales en el Aeropuerto, y sin respuesta positiva para el caso de las puertas y las ventanas que necesita mi casa para darle el habitable. Aunque tengo los materiales, no se puede vestir el baño y la meseta, pues se corre riesgo de que se los hurten.

“Lo último que le dijeron a Felipe, en la citada tienda, fue que si no había puertas y ventanas que, en su lugar, pusiera celosías, algo insensato e irrespetuoso porque, si lo hacen, quedan clausuradas.

“En el municipio de Venezuela y en Placetas, Villa Clara, hay cuentapropistas que las venden; en Ciego de Ávila también, sin embargo no existe el derecho de compra al particular, a pesar de que el subsidio destina 5 000.00 pesos a la transportación de materiales, porque no emiten cheques aunque estos posean patente. ¿Es ilegal acaso?”

Pregunta este redactor: ¿Habrá otra respuesta que convenza?


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