Domingo, 22 de abril de 2018 11:52 PM

Huracanes

Huracanes y tifones son el mismo fenómeno. Se denominan según el lugar donde se produzcan. Cuando se originan en el Atlántico norte, en el Caribe y en la porción nororiental del Pacífico, se denominan huracanes. En el Pacífico noroccidental, tifones.

Sin embargo, este redactor considera la existencia de otro tipo de huracán. Aquel que se produce cuando alguien es víctima de algo, o de otro alguien, incluso de sí mismo, por desconocimiento que, al cabo, tampoco le exime de responsabilidad u obligación ante una situación determinada.

Lo explico a través del caso de Raiza Mendoza Marín, residente en la comunidad de Ramón Domínguez de la Peña (Macizo Cañero), en el municipio de Venezuela, publicado aquí el 3 de febrero último; y la respuesta ofrecida por Leydis Soler González, directora de la Vivienda en el citado territorio.

Mendoza Marín refería filtraciones en su apartamento con afectaciones al sistema eléctrico, toda vez que se había dirigido a la Dirección Municipal de la Vivienda y a la Asamblea del Poder Popular; y de haber sido informada que las acciones en su morada ya estaban planificadas con un monto por subsidio ascendente a 11 000.00 pesos, sin que nada se concretara.

Soler González contesta: “Revisado el caso se pudo conocer que la recurrente era propietaria de una vivienda en el consejo popular de Palmarito, en el poblado de Júcaro, la cual fue afectada por el huracán Michelle, por lo que se le realizó una rehabilitación al inmueble, beneficiado con el zinc de donación que en aquel momento se recibió, vivienda clasificada en buen estado técnico constructivo.

“Posteriormente compró de forma no autorizada, ilegal, el apartamento que refiere en su carta; que era una vivienda vinculada al Ministerio del Azúcar, cuyo organismo nunca realizó ninguna acción de conservación y rehabilitación en los apartamentos de esa comunidad, por lo que ya existía deterioro debido a los años de construcción, pasando dicho inmueble al fondo del Estado.

“Se comprobó que los ocupantes no realizaron ninguna reparación, lo que trajo como consecuencia el avance del deterioro, hasta alcanzar el nivel en que se encuentra, (…) que se agrava luego del azote del huracán Irma al afectar el atesado del edificio”.

Y concluye la directiva: “Los casos que no constituyen prioridad No. 1 deben, para su aprobación, ser valorados en el Consejo de la Administración Municipal y luego presentarlos en el Consejo de la Administración Provincial (CAP), de forma excepcional bien fundamentada, por lo que se llevará este caso con la propuesta de una rehabilitación estatal debido al estatus del inmueble”.

Obviamente Raiza fue arrastrada por los vientos del desconocimiento, si de legalidad se trata; sin embargo estos, al parecer, soplan con dirección al beneficio que, quizás, el otorgue el CAP. Siendo objetivos, y de vuelta al párrafo primero, sería plausible no ignorar que para entrar en la clasificación de huracán o tifón, los vientos de una tormenta deben alcanzar velocidades de al menos 119 kilómetros por hora (km/h). Si llegan a 179 km/h se eleva a la categoría de huracán intenso. Por su parte, si un tifón registra vientos de 241 kilómetros por hora, se convierte en un supertifón.

Si la respuesta del CAP fuera negativa, Raiza continuaría como al principio: justo en medio de las rachas más fuertes, donde ella misma se colocó. Antes, el MINAZ tampoco hizo lo que le correspondía.


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