Martes, 21 de mayo de 2019 7:48 AM

Dar y darse

Mi tía Fidelia nunca se cansó de dar, de desprenderse de lo poco que tenía sin pensarlo; con cariño, a tiempo y sin miedo a no tener después. Llegar a su casa era como entrar a otro mundo, donde todo era bueno, porque no existe un sitio mejor para un niño que aquel donde te esperan con caramelos guardados en los bolsillos, con una sonrisa y los brazos abiertos. Porque yo y mis hermanas éramos las niñas de su hermano chiquito, con quien compartía gustosa desde un bocado de comida hasta un mocho de tabaco. Éramos las muchachitas para quienes no había nada vedado dentro de aquella casa hermosa, de piso pulido, tan brilloso, que parecía mojado.

Era muy niña entonces para ver la grandeza escondida detrás de los gestos inquietos que hacía mientras buscaba alguna golosina para darnos; en aquella manía suya de madurar los platanitos a puñetazos en el borde del fogón, y rematar con la frase entrañable que hasta hoy nos acompaña: " Si les cae mal, les curo el empacho".

Y es que ella no podía vivir sin dar, sin darse en cada cosa, por pequeña que fuera. No sé si algún día leyó en La Biblia aquella máxima cristiana de que hay más felicidad en dar que en recibir; si leyó los consejos que, acerca de ese don, le ofrecía Máximo Gorky a su hijo Maxim en una memorable carta; o si ese bien le vino naturalmente a fuerza de sortear dificultades, de amar inmensamente y disfrutar viendo que la vida era mejor cuando se compartía.

Yo era muy pequeña todavía cuando tuve que dejar de verla y empezar a extrañarla, cuando descubrí que la existencia no era infinita y que quienes te miman y acompañan pueden dejar de hacerlo un día. Era demasiado pequeña para saber que algunos recuerdos ligados a ella y su casa podrían confundirse con otros y hasta difuminarse con el paso del tiempo, pero que sus ansias y su necesidad de regalar nunca las olvidaría.

Constantemente, mi tía vuelve a mí, no puedo dejar de evocarla. Cada vez que me desprendo de algo pienso en ella y en su gracia, siempre que recibo la bondad de otros, la recuerdo. Nunca me es ajena la vocación de servicio que habita en mucha gente; la voluntad de dar que persiste en nuestra especie, aunque algunos lo nieguen.

A cada paso, puedo ver seres que se distinguen de la multitud porque dan de lo que tienen sin pensar en mañana ni en las flaquezas del bolsillo. Gente que no duda, ni teme, que ofrecen, entregan, y duermen tranquilos. A cada paso, también, veo a quienes reciben y agradecen, a aquellos que están dispuestos a no olvidar nunca la mano extendida, la ración compartida, el hombro amigo y hasta el tiempo que alguien les dedica.

Siempre que pienso en la gracia de dar, mi tía vuelve. Vuelve una y muchas veces, y tengo la certeza de que así será el resto de mi vida. Porque aunque ya conozco la máxima cristiana y muchos otros acercamientos a la magia que emerge de la grandeza de dar y darse, fue a ella a la primera que vi despojándose de cuánto tuviera para regalarlo.


Comentarios  

# norma 25-03-2019 06:59
por cuestiones adversas de la vida no pude conocer a fidelia pero si se de su bondad con todos y el amor infinito a sus hijos que de ella heredaron ese don de dar y de ofreser aunque sea lo unico que tengan,sin recibir nada a cambio,de dar a quien tal vez nunca lo va a agradecer o algun dia lo puedan traicionar ,para ellos dar es una pasion que admiro.gracias carmen luisa por haberme dado la posibilidad de agradecer a fidelia,donde este,que nos una lo mas importante que tengo en mi vida ,mi hijo.
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# Alejandro Chang Hernández 27-03-2019 08:45
Creo que lo que hace la diferencia en el ser humano más que todo es su capacidad de razonar, de tener un nivel superior de conocimientos. Pero la humanidad misma se pierde si no sabemos dar amor, entregarnos a los demás, tender la mano cuando hace falta, ayudar al prójimo en una situación compleja. No hay mayor paz que cuando sabes que hiciste un bien, que le alegraste el día a alguien que lo necesitaba. El corazón se llena de orgullo, de satisfacción y de felicidad cuando sientes que fuiste útil a los demás, y entonces duermes en la noche en paz con tu conciencia.
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