Ataúdes por encima del plan

Pensé por mucho rato en un párrafo introductorio, sin embargo, en virtud del espacio, mejor contar lo que describe Leonardo Batista Gutiérrez, residente en calle Eduardo Mármol No. 105 altos, entre Martí y Narciso López, en la ciudad de Ciego de Ávila.

“El día 27 de noviembre, un familiar muy allegado a mí, que se encontraba hospitalizado en Ciego de Ávila sufrió una muerte repentina alrededor de las 6:20 am. Sus hijos decidieron no realizarle la necropsia y llevarlo para su casa en Tamarindo; ya sobre las 7:00 de la mañana se encontraba en la morgue para su traslado.
“(…) se informó a los familiares en la funeraria que no había cajas disponibles y que debían esperar a que se trajera de Morón (…)”.

Cuenta que se personó en la funeraria El Clavel, donde le repitieron lo mismo y le explicaron que “(…) desde el momento en que llegara, el trámite para su traslado era rápido, cuestión de minutos, pero no podían decirme a qué hora podía estar aquí. A las 9:50 am (…) me dirigí a la Dirección Provincial de Comunales (…) me atendió una compañera, la responsable de Inversiones; además, entró un compañero que al explicarle (…) llamó al administrador de la Fábrica de ataúdes de Morón (…) al finalizar me dijo: ‘ahora me ha metido un chip en el sistema y tendré que actuar’ (…).

“(…) en ese momento llegó el director, el compañero Luis, que no me recibió en su despacho, como pienso debía ser (…) allí mismo, de pie, le planteé el problema, comenzó diciendo que no había cajas, que habían hecho un convenio con una empresa de Producciones Varias y no hicieron nada, que hay muchos fallecidos en Ciego, por encima del plan (construcción de cajas entre 16 y 18) (…) llamó al director o administrador de la Fábrica de ataúdes de Morón, este, al parecer, le dijo que ya estaban vistiendo las cajas y que las primeras eran para Ciego de Ávila (...).

“En ese momento entró el compañero que estuvo con la responsable de Inversiones y le dice que había hablado con Sancti Spíritus para ver si podían venderles unos ataúdes. Inmediatamente Luis recibe una llamada de alguien que, al parecer, le pregunta por un camión y este le responde que el único que tiene estaba cargando madera en el aserrío para la Fábrica de ataúdes de Morón (…).

“(…) Luis me comenta que el compañero de Morón el domingo había tenido que ir para la fábrica a hacer cuatro cajas con un familiar que sabe de tapicería porque no había (…) creo que es una falta de control porque no es posible que un administrador o director no sepa que hay falta de algo que es el único objeto social de su trabajo (…).”

Manifiesta el remitente que al ver pasadas las 12:00 meridiano sin respuesta llamó a la oficina de Atención a la población del Gobierno Provincial, donde alrededor de la 1:20 pm lo atendió una compañera a quien tuvo que pedirle varias veces su nombre, Leticia, y alega: “(…) me comunicó que eso ya lo sabía todo el mundo y que estaban realizando gestiones (…) volví a llamar a las 2:45 pm y me habló la compañera Magdalena que me dice que se había mandado a buscar a Jatibonico (…), finalmente a las 4:00 pm llegó el tan esperado ataúd, 10 horas después del fallecimiento de mi familiar.”

“Deben imaginarse durante todo ese tiempo los hijos y familiares que estaban esperando en Tamarindo lo que sufrieron (…).”

Y considera este redactor que, aunque ya no quite el dolor, la respuesta de la Dirección Provincial de Servicios Comunales debía llegar ipso facto a nuestra Redacción.