Algo llamado respeto

La muerte, aunque proceso natural, merece el mayor de los respetos. Y algo anda muy mal cuando alguien se atreve a desoír las señales lógicas del sentido común. Así lo experimentó Belkys Benítez González, quien envía su misiva desde calle 100 No. 14, entre 101 y 103, reparto San Fernando, en Morón.

“Tristeza, incredulidad, impotencia, inconformidad y hasta ira, todos estos sentimientos, por momentos uno de ellos y en otros todos juntos, sufrimos mis familiares allegados y yo el pasado 9 de enero, fecha en la que falleció mi madre en el Hospital General Docente Roberto Rodríguez.

“El día anterior, tras aproximadamente tres horas de trámites y de espera en Cuerpo de Guardia nos vimos obligados a trasladarla por nuestros medios hasta la Sala de Medicina de hombres, pues no apareció una camilla o silla de ruedas. Al día siguiente sería transferida para la Sala de Geriatría.

“Durante la madrugada del 9 la llevé al baño en cuatro ocasiones, teniendo entonces la oportunidad de percibir la gama de olores pestilentes de los baños sin obviar la falta de higiene, en sentido general, de dicha sala. A las 6:00 ante meridiano la enfermera vino a aplicar su medicamento en vena por última vez ya que alrededor de las 7:00 am, cuando me disponía a bañarla antes de que la trasladaran de sala, desdichadamente ya había fallecido.

“En ese momento comenzó el verdadero vía crucis. Desde el instante de su fallecimiento, y hasta las 10:30 am, hubo que esperar por el Certificado de defunción que llenó el médico de Cuerpo de Guardia que la ingresó el día anterior, a pesar de que había varios en la sala, e, incluso, en el pase de visita.

De forma paralela se comenzó a gestionar la camilla para su traslado a la morgue (…). Tras varias gestiones del personal de la sala, del de Cuerpo de Guardia, y la búsqueda infructuosa de los familiares y uno de los camilleros que pidió una en Polivalente, la camilla nunca apareció. Decidimos trasladarla en la misma cama donde había sido ingresada, después de comunicárselo a la jefa de Sala. Triste e increíble espectáculo, pero ya no había alternativas.

“Al llegar a la morgue, intercambiamos fuertes palabras con uno de los encargados que comenzó a cuestionar el traslado en la cama y a valorar frente a nosotros con el camillero lo relacionado con los niveles de responsabilidad de cada uno. Hubo que vestir a mi madre en el pasillo y finalmente la trasladamos a la funeraria municipal donde, para calma nuestra, todo transcurrió de forma fluida.

“En tres ocasiones visitamos el cementerio, desde las 11:15 am hasta las 2:00 pm, para organizar el enterramiento sin encontrar a nadie que nos pudiera definir nada. Faltando solo una hora para que se ejecutase nos llamaron del camposanto para plantearnos que no había espacio, que iban a revisar, apareciendo finalmente el lugar, el cual incrementó nuestro sufrimiento por lo descuidado e indigno de su imagen. Mis hermanos, familiares más allegados y yo no tuvimos tiempo de sufrir, al menos con tranquilidad, la pérdida de nuestra madre.”

El buzón de Cartas Abiertas espera la respuesta que exigen, y merecen, la remitente y su familia.