Lunes, 21 de enero de 2019 12:58 PM

El pozo de los deseos

Los jardines del Hotel Nacional de Cuba están vívidos en mi mente. Si cierro los ojos puedo recorrerlos, igual el Salón de la fama, donde mi padre me enseñó las fotografías de los artistas de su época que visitaron el hotel y yo le mostré los escritores que él no conocía.

Igual recuerdo los pasillos, los muebles, aquella joyería donde era imposible comprar alguna pieza por su caro valor, y hasta el olor del café que nos tomamos juntos.

En un patio al frente, el pequeño y atrayente pozo resulta inolvidable, en él arrojamos unas monedas y pedimos un deseo que, aunque en silencio, cuando nos miramos, los dos supimos cuál era, porque pedimos el mismo, no podía ser otro.

Meses después, el último día del año nos sorprendió esperando el avistamiento de un planeta, la noche era nublada y fría, pero me negaba a entrar en la casa, no fuera a ser que me perdiera su fugaz presencia y no pudiera pedirle el deseo que tanto nos rondaba a los dos.

No vi el planeta, sin embargo, en el último segundo de ese día, desde la cama de papi, lanzamos al universo aquel deseo que ya en los primeros días de enero se nos negaba. No podríamos volver a vernos, visitar juntos ningún lugar, ni añorar algo jamás.

Yo me abstuve entonces de desear cosas (total, si no se cumplen) y, arropada por el dolor, preferí que la vida siguiera su curso inevitable; pero al pasar de los meses, cuando comencé a recibir otras cosas bellas que en algún momento habíamos deseado; todo comenzó a cambiar.

Siempre me sorprende y entusiasma la noticia de una lluvia de estrellas a la que puedo pedirle una lluvia de deseos, y el último segundo de cada año, mientras otros lanzan agua a la calle, queman muñecos, salen con maletas para atraer un viaje, brindan y hasta se comen las doce uvas, yo sólo enuncio mis peticiones.

Ya este año envejecido y agotado está al decirnos adiós y yo me voy haciendo mis pequeños recuentos, mientras espero ese segundo que prefiero pensarlo tan mágico y divino, que nos hará pasar, como nuevos, para otro año mejor.

No faltarán en mis peticiones mi familia y amigos, mi país adorado, mis perennes anhelos de paz. Los puentes que sustituyan muros, las miradas y abrazos que salven, las madres y los hijos, la salud y el deber.

Tampoco los pequeños milagros de cada día, la paciencia y la fe; los hombros amigos, las manos extendidas, la piedad y la justicia; los padres, la luz y la sabiduría; y el agua a la medida.

Pensaré en la abundancia que ha de darnos el trabajo seguro, en la alegría sincera, el entusiasmo y el susto del amor.

Espantaré a la desidia, el desgano, la angustia, el dolor, el desamparo y el miedo; abrazaré a la sorpresa, la seguridad, la inocencia y la vida.

Pensaré en muchas cosas. Pediré, pediré. Y desde que entre al año robusto y nuevecito, aprovecharé cada uno de sus 31 millones 536 000 segundos y haré todo lo que pueda para que, al menos, algunos de mis deseos se hagan realidad. Y si no sucediera, lo intento el otro año.


Comentarios  

# Mara 30-12-2018 20:50
Llego la ultima botella del año, como siempre repleta de luz, vivencias, amor y sueños.
Yo, ese ultimo segundo del año tambien pido mis deseos, nunca falta mi familia, mi patria, mis amigos, pido tambien por la paz, por los niños y le pido encarecidamente a Dios que nunca se acabe el amor, que ninguna otra fuerza lo sustituya y que nada ni nadie nos obligue nunca a perder la esperanza.
Feliz año nuevo a los botelleros Ale, Kris, a los trabajadores del periodico y a nuestra querida Carmen Luisa, gracias por entregarnos cada palabra con tanto cariño, aqui nos quedamos esperando las botellas del 2019, y confiamos que no les faltaran esa energia que pones en cada linea que traspasa cualquier obstaculo para adueñarse de nuestros corazones, Gracias!!
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# Alejandro Chang Hernández 03-01-2019 10:08
Una botella más que nos llena el alma y el corazón de nuevas alegrías, ansias, ganas de hacer. Nuestros deseos van unidos a los tuyos, creo que existe un mar, un lago, un pozo, no sé, un lugar donde se guardan todos y se van cumpliendo para aquellos que saben luchar por ellos. El 2019 trae nuevas metas, nuevos retos, nuevos desafíos. Lo importante es seguir unidos, desafiar las distancias, el tiempo, y decirle como en "La Neurona": !No a la neuroapatía!
Muchas felicidades en el fin de año y año nuevo a todos los botelleros, Marita, Krist, y a todos los que no dejan comentarios, pero igual sé que leen estas líneas. Saludos especiales para nuestra Botellera mayor, Carmencita, que llegó para unirse a nuestros corazones eternamente a través de ese puente indestructible que es este blog lleno de magia, de pasión, de entrega y de amor incondicional.
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