Sábado, 15 de diciembre de 2018 9:33 PM

Cuando un lector se va

Yo no sabía cómo se llamaba aquel hombre. Siempre supe que era maestro, con alma de artista y promotor nato, que se leía cuanto le cayera a mano, y que a su esposa, Olguita, la llamaba con dulzura y simpatía "el amor de mi bohío."

Un día me detuvo en plena calle de Majagua para hablarme de un comentario que había publicado en las páginas de este periódico; fue larga la conversación, profundo y respetuoso aquel análisis que selló, invitándome a que nunca dejara de escribir.

Siempre que nos encontrábamos, esperaba sus puntos de vista respecto a lo que publicaba; enterada de que él me leía, terminé necesitando lo que tenía que decirme.

Quienes andaban con nosotros, tenían que esperar, porque no podíamos perder la oportunidad de un debate que cada vez se ensanchaba más y sobrepasaba los límites de lo que yo publicaba y él leía.

Cuando ya mis escritos eran públicos, y nada podía hacer para mejorarlos, cuando notaba con angustia que pude haber logrado algo mejor pero que ya estaban en la calle; pensaba en mis lectores y en mi "crítico estrella", como lo bauticé un día.

Muchos fueron los temas que me sugirió, los títulos; muchos los elogios; y, también, la crítica dura, sin embargo, tan sincera, amable y acertada que no podía más que agradecerla y tenerla en cuenta.

Cuando decidí retomar esta sección, enviar mis mensajes a quienes los esperan, o no, con tristeza pensé en mi lector-amigo, porque, siempre que hablábamos, me pedía que escribiera mis "botellas", porque muchas veces le prometí que sería pronto y, sin embargo, nunca antes pude.

Hasta hoy, cada vez que escribo recuerdo sus comentarios, las tantas dudas de las que me sacó, aquello que me decía que él hubiera escrito de otra manera, lo que me aprobaba y aplaudía; y, sobre todo, me imagino cómo hubiera recibido mi retorno.

El día que murió José Francisco, y la triste noticia pasaba de boca en boca por Majagua, yo no sabía quién era, nunca supe su nombre, mas cuando me fueron explicando, cuando vi a su esposa y supe que era aquel lector que un día me paró en plena calle y terminó siendo un amigo, no quería creerlo. Al instante, pensé en que le había fallado, y recordé la última vez que lo vi.

Aquel día, como siempre, me saludó con cariño y me habló de mis últimas publicaciones, me pidió que volviera a mis crónicas y me dijo que, cuando retomara mis "botellas", iba a llamarme para decirme: "Enhorabuena por tu regreso, Coqui." Entonces, como siempre, le dije que las esperara, y, al despedirnos, nos reímos mucho, sin sospechar siquiera que esa era la última vez que hablábamos; que tan pronto estarían mis "botellas" navegando estas páginas, y que me dolería tanto que mi amigo no podría, jamás, leerlas.


Comentarios  

# norma 08-10-2018 07:33
carmen luisa nos duele hablar de un amigo que se va y mas de jose francisco profesor integro ,honesto,humilde,repleto de bondades,conocimientos y deseos de educar a tantas generaciones de majaguenses,gracias a ti carmen luisa por recordar con buenas palabras a esye amigo en comun que recordaremos por siempre
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# Alejandro Chang Hernández 12-10-2018 15:46
No sé quién fue José Francisco, porque jamás he ido a Majagua, pero debió ser una hemrosa persona por tus palabras. M euno al duelo por su dolorosa pérdida, porque siempre que se va una persona así, llena de deseos de enseñar, de ganas de entregarse y ser útil a la sociedad, a las nuevas generaciones, siempre que existe alguien con una estrella iluminándolo, es duro perderlo. Me alegro por lo que te enseñó, Carmencita, porque te hizo mejor escritora de lo que ya eras, porque ya eras muy buena. Pero ahora eres genial, tus palabras brotan como de un manantial claro y gentil, lleno de amor, bondad, certeza de espíritu. !Gracias por formar parte de nuestro mundo, de hacernos sentir esa magia inherente a cada uno de tus artículos! No dejes de escribir jamás, porque nos privarías de una parte importante e imprescindible de nuestras vidas. Un saludo desde la Isla, de tu lector más fiel, muaaaa.
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