Martes, 22 de mayo de 2018 8:48 PM

La vida otra vez en el torrente

Hace 19 años que, a la misma hora, un carro pita frente a su puerta para recorrer los más de 20 kilómetros que separan a Majagua de Ciego de Ávila. Frente al Hospital General Provincial Docente Doctor Antonio Luaces Iraola detienen la marcha y, con cuidado, escalón a escalón, alcanza la sala de Nefrología.

Tres veces por semana Mairelis Oduardo Mena ha realizado idéntico trayecto para llegar hasta la máquina que hace lo que ya no pueden sus riñones: filtrar, depurar, eliminar las toxinas de su sangre y devolvérsela limpia al torrente.

Tres o cuatro horas se le escurren en cada cita y, entre agradecida y atada al mecanismo artificial, sabe, como nadie, de las ventajas y la exclusividad de este servicio que, sin costo alguno, le permitió arribar al retiro frente a una pizarra con la tiza en la mano.

Afuera la cola se ensancha, los médicos y enfermeras chequean el flujo del líquido rojo dentro de los tubos plásticos, la sala de ingreso parece un hormiguero, los 12 riñones artificiales trabajan..., los taxis esperan.

Proceso de desinfecciónAlejandro GarcíaLa desinfección del dializador es primordial para evitar posibles contagios

En la provincia 101 pacientes con insuficiencia renal crónica ciñen sus días a las hemodiálisis, mientras se considera la posibilidad de un trasplante, siempre y cuando el cuadro clínico no sea complejo, y aparezca el órgano compatible en una estrecha lista de donantes, con carácter nacional.

Cuatro especialistas, distribuidos en los municipios de Morón y Ciego de Ávila, amalgaman de tal forma sus jornadas que las guardias de 24 horas, las consultas, y otra vez las guardias, no hacen mella en la calidad de la atención.

Yenisey Mora Férguson, jefa de Hemodiálisis del Servicio de Nefrología en el territorio, reconoce como principales logros una disminución de la mortalidad y de la incidencia de Hepatitis C, el aumento de la supervivencia y, en general, mejoras en la calidad de vida.

“Llegamos a conocerlos tanto que no quisiéramos que les diera ni catarro. A veces, están muy abatidos y nos toca reconfortarlos, enseñarlos a convivir con el padecimiento y educar a las familias. Además, esta enfermedad casi nunca viene sola, pues su aparición e incremento se relaciona con otras como la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, la obstrucción del tracto urinario e, incluso, con el fenómeno del envejecimiento poblacional.”

En Cuba se calcula el costo de una hemodiálisis —tres semanales cada paciente— en 306.00 pesos, pero estadísticas internacionales aseguran que en el mundo equivale a cerca de 200 dólares.

Los equipos necesarios son de tecnología de punta, comprados en Europa, al otro lado del mar, aun cuando pudieran adquirirse en Estados Unidos, y se habla de cifras tan exorbitantes como los 15 000.00 dólares a desembolsar por un riñón artificial.

Un incremento del padecimiento en la población obliga a que tres o cuatro personas se conecten diariamente, por tanto, las roturas son comunes y acceder a las piezas de repuesto, otro quebradero de cabeza.

Sobre los filtros electroválvulas, los catéteres, las celdas de conductibilidad de la sangre y las tarjetas que miden los parámetros de entrada y salida a la máquina, así como las bombas, también teje sus redes el bloqueo económico, comercial y financiero.

Sin olvidar que un dializador (aparato para filtrar la sangre) se reutiliza, luego de su desinfección, hasta 15 veces con el mismo paciente, práctica que, aunque no es exclusiva de Cuba, responde a carencias elementales y frena la agilidad del proceso.

La rutina de Mairelis se repite para las miles de personas sometidas a las hemodiálisis que les “limpian” la sangre y, de paso, les salvan la vida. Detrás de cada una se cifran, además de números y retos, el desvelo de cada especialista, las esperanzas de los dolientes y la polisemia de la palabra “gratuito” en nuestro Sistema de Salud.


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