Lunes, 20 de mayo de 2019 8:36 PM

Enseñanza artística avileña luce a pesar del bloqueo

Las especialidades de música y danza, en Ciego de Ávila, son las más afectadas por el bloqueo económico, comercial y financiero que, desde hace casi seis décadas, ejerce Estados Unidos sobre nuestro país.

Mariam Fuentes Cisne es una estudiante de doce años de la Escuela de Arte Ñola Sahíg Saínz, de Ciego de Ávila. Desde los 9 años, cursa en este instituto la especialidad de música, específicamente clarinete y piano básico. Con grandes sueños y ansias de aprendizaje se enfrenta todos los días a las limitaciones que sufre la enseñanza artística en esta provincia, dado el mal estado de algunos instrumentos musicales.

Después de más de 3 años en la escuela, se le otorgó un nuevo clarinete, pero sus anhelos se vieron frustrados cuando percibió que, el instrumento, de “nuevo” no tenía nada. La escuela no tiene cómo ofrecerle mantenimiento a los instrumentos, y, mucho menos, accesorios nuevos para reponer los dañados.

La influencia del bloqueo económico, comercial y financiero que ejerce Estados Unidos contra nuestro país puede ser perfectamente evidenciado en casos como este.

Actualmente, el Centro Nacional de Escuelas de Arte realiza los contratos de compra con China, y, debido a la lejanía, la mercancía se encarece, demora la llegada a las instituciones y, como no es el mercado idóneo, la calidad también es afectada, cuestiones que repercuten directamente en la calidad de la enseñanza.

Según Aralys Espinoza Sorí, subdirectora artístico-pedagógica, “en estos momentos, todos los niños tienen garantizados sus instrumentos; en óptimas, mejores o no tan buenas condiciones, pero los tienen. Los accesorios, como las cuerdas, boquillas, almohadillas, cañas, no tenemos forma de asegurarlos. Los instrumentos de cuerda frotada son los más afectados, sobre todo el violín, que, a medida que el niño crece, debe cambiársele, de acuerdo a las extensiones de sus brazos, mas, ahora mismo, no tenemos esas necesidades cubiertas".

En estas disyuntivas, cabe señalar el sobreesfuerzo de los padres, quienes se desviven todos los días para que estas necesidades no marquen definitivamente el conocimiento de sus niños. Para un estudiante con un instrumento roto, cada día que transcurre es crucial, porque no puede seguir con el aprendizaje. Y ahí va el padre a volverse mago, y a arreglar por medios propios el instrumento, después de encontrar y reponer, con mucho sacrificio, el accesorio dañado.

Por ejemplo: un juego de cuerdas para violín está entre 40.00 y 50.00 CUC; una boquilla profesional de clarinete, 30.00 CUC; y las cañas, que tan frágiles son, y en los primeros años de aprendizaje pueden utilizarse hasta dos en cada mes, cuestan, cada una, 1 CUC; y así podríamos seguir sumando, añadiendo que no hay un mercado oficial donde encontrarlos.

Estamos de acuerdo con que el bloqueo limita fuertemente la calidad de la enseñanza artística, pero, a esto, debemos sobreponernos, y solucionar desde aquí todo lo que podamos. Está claro que es un obstáculo que, en realidad, nunca vamos a saber exactamente cuánto nos limita, hasta que deje de existir y veamos la posibilidad de hacer sin complejidades. Pero, hasta ese entonces, quitémosle esa justificación a lo que lo permita.

Mucho ayudaría el fomentar una conciencia en los pequeños músicos de que, desde ya, deben cuidar con recelo los instrumentos que les permitirán expresarse con otro idioma, desde el lenguaje musical.


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