Leclerc, padre de la historia natural

• “No es fuerte la fuerza si no viene seguida de la astucia”, sentenció el naturalista, botánico, biólogo, matemático, astrónomo y escritor francés Georges Louis Leclerc, Conde de Buffon (1707–1788), considerado el padre del pensamiento de la Historia natural.

Investigadores de la obra de este genial hombre de ciencia, precisan que su obra más descollante y célebre fue la titulada Historia natural, general y particular, la cual consta de 36 volúmenes, más otros ocho adicionales, que vieron la luz pública luego de su fallecimiento.

A los 71 años, Leclerc publicó otro de sus más relevantes aportes: Las épocas de la Naturaleza, que devino no solo su testamento intelectual, sino una síntesis de la generalidad de sus muchos trabajos. En este texto, establece siete épocas, según las fechas, los monumentos y las tradiciones.

• La Puerta del Sol es el nombre de una bella plaza localizada en el mismo centro de Madrid. Ha ganado notoriedad como uno de los sitios más animados de la capital española.

• Sepa, amigo internauta, que en la mitología latina, se identifica a Venus como la diosa de la belleza; también, es el segundo de los planetas de nuestro sistema solar. Añada a su acervo que, además, reciben ese nombre una serie de famosas esculturas: la Venus de Milo, la Venus Calipigea, la Venus Médicis…, así como algunos cuadros salidos de los pinceles de Rafael, Botticelli, Velásquez y Rubens, entre otros,

• Se denomina Piromanía, al arte de la adivinación por medio del fuego.

• Viaje a La Habana es el título de uno de los varios libros escritos por María de las Mercedes Santa Cruz, Condesa de Merlín. Es sus páginas, usted podrá encontrar, de manos de la autora, una amplia muestra de las más arraigadas costumbres del campo y la ciudad.

• En los días en que el calor se enseñorea sobre nuestro planeta, una hectárea de bosque genera entre 120 y 150 kilogramos de materia orgánica: absorbe del aire de 220 a 280 de gas carbónico y puede desprender de 180 a 220 de oxígeno.

• Antiguamente, para identificar a quienes aparentaban ignorancia o distracción, nuestros abuelos aseveraban que estos se estaban haciendo los zorros.