vuelta atras• El show de Trump en la Florida tiene cara de “duérmete mi niño” para el público allí reunido, mientras que en Cuba ha tenido el efecto contrario: ha sido como si brotara desde las entrañas de la tierra, despertándolo todo, el Himno Nacional.

• Declaración del Gobierno Revolucionario

De la palabrería del presidente estadounidense Donald Trump este viernes en un teatro de Miami, después de una semana de fábula al estilo “ahí viene el lobo” y de utilizar los primeros 15 minutos para agradecer a los presentes —entre los que estaban integrantes de la organización mercenaria Brigada 2506, de la llamada “oposición” y el senador republicano Marcos Rubio, quien no escatimó críticas y ridiculizaciones durante la campaña electoral—, podemos sacar, al menos, cinco conclusiones.

• Trump cancela acuerdo bilateral del gobierno de Obama con Cuba

Primero: Trump desconoce y desprecia al Gobierno de Cuba y su pueblo. Si un impacto fundamental tuvo la declaración conjunta del 17 de diciembre de 2014, sobre la voluntad de restablecer relaciones diplomáticas, fue el hecho inequívoco de un reconocimiento de la soberanía de la nación cubana. Al sentarse a la mesa de diálogo, la entonces administración de Barack Obama aceptó que para avanzar en el camino de la normalización tendría que tratar al Gobierno y al pueblo de la Isla como iguales.

Segundo: La ultraderecha cubanoamericana todavía tiene “pegada”. Si bien la comunidad de emigrantes cubanos en el sur de la Florida se ha transformado en las últimas décadas, y hoy se habla de una mayoría que apoya el restablecimiento de las relaciones con Cuba, figuras como el senador Marcos Rubio y el representante Mario Díaz-Balart tienen ascendencia en el Partido Republicano y han logrado un retroceso, en el discurso oficial, de las decisiones ejecutivas aprobadas por Obama. Este giro trumpista, no obstante, pareciera tratar de granjearse favores o pagar deudas de gratitud, a propósito del fanguero doméstico en que está metido el míster hasta las rodillas.

• Por fin, ¿qué dijo Trump? 

Tercero: El presidente Trump no escucha a sus conciudadanos y les niega sus libertades. Las encuestas del Centro de Investigaciones Pew revelan que al menos el 75 por ciento de los estadounidenses están a favor de las políticas de acercamiento y en contra del bloqueo. Coaliciones bipartidistas, asociaciones de empresarios y miembros de la sociedad civil en Estados Unidos han pedido a su gobierno que mantenga y amplíe el intercambio bilateral y que elimine las restricciones de viajes, pero han sido obviados.

Cuarto: Ni Trump ni la ultraderecha cubanoamericana ni la llamada “oposición” desean el bienestar del pueblo cubano. Se nota cuando los “luchadores por la libertad” corean ¡USA, USA, USA!, que se oye más como el sonido de la lengua sobre la bota que como una voz legítima del disenso. Al restringir la posibilidad de viajar a la Isla a sus conciudadanos y prohibir los negocios con empresas estatales, el gobernante aspira a limitar la entrada de divisas y, por ende, estrangular la economía para forzar un cambio. ¿Espera acaso que el pueblo cubano crea en sus “buenas intenciones”, si pisotea las libertades individuales en su propio país y desoye las opiniones aquí y allá?

Quinto: De Historia de Cuba el señor presidente no sabe nada y sus asesores tampoco (o se hacen los que no saben). Llamar héroes a los mercenarios que invadieron Playa Girón o referirse únicamente al sufrimiento de los niños Peter Pan, sin nombrar el origen de tan terrible operación, no solo califica como idiotez, sino como irrespeto. Pasa por alto, también, la tradición independentista y de autodeterminación que nos trajo hasta aquí, e ignora el resultado del diferendo bilateral en los últimos 50 años. No será un garabato en un papel y un discurso teatralizado y vacío el que estremezca a la gente en esta orilla.

Nota al pie: Las disposiciones firmadas este viernes en Miami, que pretenden “cancelar todo el acuerdo bilateral del último gobierno”, todavía no tienen un cuerpo regulatorio. De lo avanzado hasta ahora se retrocede en cuestiones relacionadas con los viajes de ciudadanos estadounidenses y en la posibilidad (poco aprovechada) de realizar negocios con empresas estatales, además del regreso de una retórica hostil. El show de Trump en la Florida tiene cara de “duérmete mi niño” para el público allí reunido, mientras que en Cuba ha tenido el efecto contrario: ha sido como si brotara desde las entrañas de la tierra, despertándolo todo, el Himno Nacional.

Cuando decimos palabrería, no es de gratis

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