Chulería en poteCuentan que fue verídico. En un humilde pueblo de los Estados Unidos un matrimonio pobre logró mandar a su hija, de cinco años, de vacaciones a casa de la abuela estampándole solo 53 centavos en sellos sobre la solapa de su abrigo y haciéndola recorrer 120 kilómetros en tren, a través del servicio de correos del año 1914, sin incumplir las leyes federales.

violin extraviado1Era ese hilillo de luz que hace música ante el espejo de los ojos, pero llegar anónimo al concurso lo descalificó. Semanas después de que Con violín premiara, un amigo me enseñaba el texto que, por su cumpleaños, le habían obsequiado y cuán no sería mi sorpresa al percatarme de la misma historia. La desmemoriada es Josefina Valdés Rey, y aquí su prenda.

OREJA PELUDA. IICreo que mis orejas le caían mal. A esa conclusión llegaba yo, con mis siete años y mi tercer grado en curso, cuando ella las retorcía como chicharrones de viento. Si bien había sido bautizada con el mismo nombre de la novia de Romeo en la mítica tragedia de Shakespeare, nada tenía de delicadeza ni de romanticismo. Era una maestra dura e implacable. Fea física y, también, espiritualmente, me hizo sentir mal alumno y culpable de no sé qué, a punto de no querer ir a clases y casi repetir el grado.

Enredada entre las cuerdasBrizaida de la Nuez Hernández, la otra mención de nuestro concurso Con violín, lleva muy bien puesto el nombre si, entre todos sus quehaceres cotidianos como ama de casa y madre, logra atrapar esa brisa (solo que con “s”) invisible que habita en nosotros, que nos refresca el alma cuando más agitada está, haciéndonos navegar mundos invisibles que llevamos dentro, donde la creación viene a salvar, otra vez, ese pequeño planeta, ese asteroide, que la fantasía dejó a nuestra salvaguarda. Aquí el texto con que fuera una de nuestras lectoras reconocidas.

Planeta Padre. JOPAEspermatozoide era un tipo que vivía en el país Testículo del planeta Hombre. Esper, que así lo llamaban sus amigos, nunca aprendió a sumar o a restar, pero en lo que sí nadie le ganó fue en las clases de Educación Física. Movía su cola, como nadie, logrando alcanzar altas velocidades.

Mensaje enigmático de la maCon Regalo enigmático de la madre Naturaleza la lectora Norma Rojas, jubilada del sector de la Cultura, obtuvo una de las dos menciones que otorgó el jurado de lectores de El Marcapasos, en su concurso Con violín, el cual premió a sus ganadores, el pasado jueves, desde la tertulia que realizan los periodistas de Invasor. Aquí les van el texto y la foto acreedores del reconocimiento. Esperamos que los disfruten.

ley seca los labios que toquen el licor no tocaran los nuestros lips that touch liquor shall not touch oursEl amoroso hombre que la besa en la mañana no es el mismo de la tarde. Hasta los frijoles tiemblan en la olla cuando el marido traspasa la puerta, me dice, como resignada ya a su “suerte etílica”.

El latido premiaGracias a todos los lectores que sintonizaron su latido con este corazón de palabras que es de ustedes. Ha llegado el momento de que nuestro primer concurso, Con violín, premie. Por su cercanía al propósito de esta sección de regalar un trozo de nuestra cotidianidad desde la ternura, el jurado, integrado por un grupo de lectores, decidió otorgar su premio a Cuando el corazón manda, de Dadnay Hernández Enrique, de Ciego de Ávila. Asimismo, dio dos menciones a Mensaje enigmático, de Norma Rojas, y a Espejismo, de Brizaida de la Nuez Hernández, ambas, también, del municipio cabecera. Aquí les va el texto premiado.

Como una sola florElla apareció en el paseo cual pequeña hada caída de uno de los cuentos de Andersen. De cabellos plata y ojos inmensamente grandes y azules, era una figurita de biscuit escapada de la caja de música de un joyero antiguo. Solo tenía un “defectico” para cualquier pintor renacentista que quisiera atraparla en sus lienzos. Movía, con cierto garbo, las caderas al son de la conga. Delataba, por algún lado, las “impurezas” de la sangre vienesa al mezclarse con la cubana.

Mi historia de amor con Buena féLa lectora Diana Rosa Dobao vuelve a sentarse en esta Plaza de palabras a contarnos parte de su corazón:

Hace tan solo tres años comenzó mi historia de amor con Buena Fe, en el momento que ellos aparecieron mi hijo acababa de nacer y no me quedaba mucho espacio para los sueños. Entre biberones y madrugadas de insomnio la música no tenía cabida, solo reconocía aquellas canciones que, como dijera el poeta, una tararea sin saber por qué y, durante muchos años, seguí el impacto de sus audiovisuales y me identificaba con las estrofas que consideraba más melódicas y cantables.